Durante la Semana Santa de 2026, Latinoamérica ha experimentado un notable aumento en los desplazamientos de viajeros, con cifras que evidencian una alta ocupación hotelera y un incremento significativo en los ingresos generados por el turismo. Este periodo festivo ha puesto de manifiesto el creciente interés por el turismo interno, así como la consolidación de destinos emergentes relacionados con la naturaleza y el bienestar.
Las proyecciones preliminares indican que Brasil alcanzará una ocupación hotelera del 78%, destacando lugares icónicos como las playas del norte de Río de Janeiro y las majestuosas Cataratas de Iguazú. En el estado de São Paulo, se anticipa que los ingresos generados por el turismo superen los 505 millones de dólares. Además, en los primeros dos meses del año, Brasil ha recibido 2,6 millones de turistas internacionales, lo que marca un récord histórico.
En México, se espera la llegada de 4,03 millones de turistas durante esta Semana Santa, lo que representa un crecimiento del 2,6% en comparación con el año anterior. La ocupación hotelera proyectada es del 63,85%, con ingresos por gastos estimados en 3.102 millones de dólares. Mérida ha emergido como un destino atractivo en el sureste del país, registrando un aumento del 18,5% interanual.
Colombia también muestra una tendencia positiva; se prevé que más de 12 millones de viajeros se movilicen durante esta festividad. El transporte terrestre ha crecido un 7%, mientras que el aéreo muestra un incremento del 4%, subrayando la importancia del turismo interno como motor económico. Por su parte, Perú anticipa un impacto económico entre 220 y 261 millones de dólares gracias a la llegada de aproximadamente 1,9 millones de viajeros y un gasto promedio por persona que supera los 130 dólares.
Ecuador proyecta alrededor de 800.000 viajes y una ocupación hotelera cercana al 45%, lo que se traduce en un impacto económico estimado en 70 millones de dólares. Argentina también presenta cifras alentadoras; según la Asociación de Hoteles de Turismo, se espera una ocupación hotelera elevada en los principales destinos turísticos del país, especialmente en la Patagonia, donde algunos lugares alcanzan hasta el 87% de ocupación.
Panamá prevé ingresos turísticos entre 100 y 200 millones de dólares con una ocupación hotelera mínima del 85%. En su capital, el Casco Antiguo atraerá a unos 300.000 visitantes interesados en experiencias religiosas. Venezuela estima una ocupación del 90% en regiones clave como Nueva Esparta y espera movilizar a aproximadamente 13 millones de personas.
En Centroamérica, El Salvador espera recibir más de 145.000 turistas extranjeros, lo que representa un incremento del 4,3% respecto al año anterior. Costa Rica proyecta una ocupación hotelera del 75%, con picos del 91% en Guanacaste.
El turismo interno ha demostrado ser una tendencia predominante en países como Colombia y Venezuela. Este fenómeno se debe a factores económicos que han llevado a los viajeros a optar por destinos locales en lugar de internacionales. Sin embargo, también se observa un repunte en los viajes fuera del país hacia lugares como Argentina, donde el crecimiento es notable gracias al favorable tipo de cambio y las mejores ofertas disponibles.
Además, hay un creciente interés por destinos emergentes que ofrecen experiencias diferenciadas. En México se destaca el turismo relacionado con el bienestar y la estética, proyectándose un crecimiento anual del 17% hasta el año 2028. En Ecuador y Costa Rica están ganando popularidad las actividades vinculadas a la naturaleza.
A pesar del optimismo generalizado por las cifras positivas del turismo durante esta Semana Santa, también existen desafíos significativos para el sector. En Chile, por ejemplo, el aumento en los precios del combustible podría resultar en una disminución del hasta el 25% en las reservas hoteleras. Las proyecciones para Valparaíso son preocupantes con una ocupación esperada solo del 56%, inferior a la registrada anteriormente.
Asimismo, estudios recientes indican que muchos viajeros planean reducir sus gastos durante estas festividades religiosas, lo cual sugiere una tendencia hacia un turismo más selectivo y austero. En Bolivia se han iniciado esfuerzos para revitalizar su sector turístico mediante reformas estructurales como la flexibilización de visados y campañas promocionales internacionales destinadas a incrementar el flujo turístico en los próximos años.
La Semana Santa no solo ha sido un momento clave para disfrutar y viajar; también ha mostrado cómo las dinámicas turísticas están cambiando con nuevos hábitos y preferencias entre los viajeros latinoamericanos.
