En una jornada soleada y de marcado carácter cívico, la ciudad de Tarija se volcó a las calles para celebrar el 208 aniversario de la Batalla de La Tablada, hito fundacional en la historia de la región. El espíritu festivo se apoderó de la población, que participó activamente en los actos conmemorativos, en un ambiente general de distensión que contrastaba con la efervescencia política preelectoral que se vive a nivel nacional.

Las celebraciones protocolares se desarrollaron según la tradición, comenzando con una ofrenda floral en el emblemático mirador del Moto Méndez, punto de encuentro que congregó a una multitud. Posteriormente, se llevó a cabo un Te Deum, seguido del desfile cívico-militar, que por segundo año consecutivo tuvo como escenario la Avenida Integración. Si bien esta arteria vial aún se percibe alejada del centro urbano, el crecimiento de la vegetación circundante ha mejorado su estética, ofreciendo un marco visual más atractivo para las fotografías y filmaciones del evento.

El gobernador Óscar Montes, en su rol de anfitrión, se mostró sereno y relajado, actitud que podría interpretarse como reflejo de su reciente anuncio de retiro de la primera línea política, al menos en el ámbito gubernamental. Su presencia, aunque protagónica, pareció distante de las tensiones partidistas que marcan el preludio de las inscripciones de alianzas políticas.

Por su parte, el presidente Luis Arce cumplió con su agenda oficial en la efeméride tarijeña. Tras participar en la sesión de honor de la Asamblea Departamental el lunes y rendir homenaje a Eustaquio Méndez, optó por no presenciar el desfile. En su lugar, priorizó la inauguración de diversas obras públicas en la ciudad y en zonas rurales del departamento, incluyendo la apertura del mercado El Dorado. Esta decisión, consistente con su proceder en los últimos cinco años, evidencia una preferencia por la gestión y la entrega de resultados concretos en lugar de la participación en actos cívicos extensos.

Un elemento notable de la jornada fue la ausencia de figuras políticas y candidatos, tanto locales como nacionales. A pesar de la proximidad de las elecciones, varios aspirantes a cargos públicos evitaron la exposición en Tarija. La ausencia del senador tarijeño Rodrigo Paz en los actos centrales fue particularmente comentada. Este bajo perfil de la clase política podría interpretarse como una estrategia ante un electorado tarijeño históricamente consistente en sus preferencias y con escaso margen para captar nuevos votantes en este contexto.

En el palco de autoridades se percibió una interacción discreta entre figuras como Óscar Montes y Johnny Torres, este último vinculado al líder político Samuel Doria Medina. La presencia del alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, inicialmente asociado a Montes, añadió un matiz de interés político a la jornada. Mientras tanto, otros actores políticos enviaron mensajes protocolares a través de redes sociales, algunos recurriendo a imágenes de archivo. Se notaron las ausencias de figuras como Tuto Quiroga y Jaime Dunn, este último un candidato emergente con raíces tarijeñas, cuya falta de estructura partidaria consolidada en el departamento podría explicar su ausencia.

La jornada festiva también representó una oportunidad económica para vendedores ambulantes, quienes ofrecieron productos como golosinas, jugos, sombreros y paraguas. La Avenida Integración se consolida paulatinamente como un espacio asociado a eventos festivos y celebraciones populares en la ciudad.

El desfile cívico-militar se caracterizó por su agilidad y brevedad, concluyendo alrededor de las 14:00 horas. Tras la dispersión de los contingentes y las autoridades, la ciudad retornó a su ritmo habitual, anticipando la proximidad del feriado de Semana Santa y la continuidad de las actividades cotidianas. La jornada dejó en evidencia la intensa labor pendiente en diversos ámbitos, más allá de la celebración cívica

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