Los panificadores de Tarija han establecido un nuevo esquema de precios para el pan, fijando un costo de 1,50 bolivianos por una unidad que pesará 0,90 gramos, mientras que el pan a un boliviano tendrá un peso de 0,60 gramos. Esta medida ha generado inquietud entre los consumidores y las autoridades locales.
Recientemente, la Intendencia Municipal de Tarija ha recibido quejas sobre la venta de pan que no cumple con el peso estipulado. Carlos Camacho, responsable de esta entidad, ha señalado que se han identificado casos donde el pan vendido pesa menos de los 0,60 gramos que se habían acordado. En respuesta a esta situación, se ha dispuesto la realización de inspecciones en varios mercados locales para verificar tanto el peso del pan como la calidad de sus ingredientes.
Camacho también informó que la semana pasada recibió una resolución de los panificadores en la que se confirma la continuación de la venta del pan a un boliviano con el peso acordado, además de la introducción del nuevo pan a 1,50 bolivianos, que contendrá ingredientes adicionales como leche, huevo y otros, a diferencia del pan más económico.
El funcionario aclaró que la Intendencia no ha participado en la discusión sobre la aprobación de este nuevo producto, pero se comprometió a hacer cumplir las regulaciones sobre el peso del pan. En su declaración, también destacó que, aunque no existe una normativa nacional que regule el gramaje del pan, en otras regiones se ofrece un tipo de pan más básico, elaborado con solo tres ingredientes.
Se prevé que la Intendencia convoque a los panificadores para discutir en detalle los ingredientes del pan más caro y justificar su precio. Camacho también mencionó que los costos de ciertos insumos han aumentado, como la manteca, que ahora se comercializa a 310 bolivianos la lata, y el azúcar, cuyo quintal se vende a 270 bolivianos.
Además, se ha indicado que otro factor que contribuye al incremento del precio del pan en Tarija es que los panificadores locales no se benefician de la harina subvencionada que proporciona la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa). Esto ha llevado a un panorama complicado para los productores de pan en la región, quienes enfrentan desafíos en la contención de costos
