Tomás Aranda, un joven futbolista de apenas 18 años, ha irrumpido con fuerza en el primer equipo de Boca Juniors, dejando una huella significativa en el reciente triunfo del conjunto xeneize frente a Lanús. En un encuentro donde el equipo necesitaba recuperar su identidad ofensiva y cortar una racha adversa de cuatro partidos sin victorias, el entrenador Claudio Úbeda decidió apostar por Aranda como titular por primera vez en la temporada 2026. Esta decisión no solo renovó la dinámica del ataque boquense, sino que también revitalizó a un equipo que había mostrado dificultades para generar juego y profundidad en sus últimas presentaciones.
Desde el pitazo inicial, Aranda se convirtió en una pieza clave dentro del esquema 4-3-1-2 planteado por Úbeda. Aunque su posición natural es más asociada a la derecha, el juvenil mostró libertad para moverse y buscar espacios, lo que le permitió ser un enlace constante entre mediocampo y ataque. Su habilidad para pedir la pelota y asumir la responsabilidad de la creación fue evidente a lo largo de todo el partido, logrando conectar con sus compañeros y desplegar un fútbol rápido y preciso. Esta actitud contrastó con los problemas ofensivos que Boca había exhibido en los encuentros anteriores, donde la falta de fluidez y claridad en la elaboración le costaron puntos valiosos.
Uno de los momentos más destacados del partido fue la jugada que derivó en el segundo gol del equipo. Aranda inició una acción profunda por su banda, llegando hasta línea de fondo para enviar un centro que inicialmente fue desviado por el arquero rival y posteriormente capitalizado por Miguel Merentiel, quien anotó dos tantos en esa jornada. Esta asistencia no solo reflejó la capacidad técnica del juvenil para generar peligro desde posiciones laterales, sino también su inteligencia para elegir los mejores momentos para avanzar y aportar al ataque.
Además de su contribución ofensiva, Aranda mostró compromiso defensivo al retroceder para colaborar en la recuperación del balón. Su despliegue físico en ese sector fue notable considerando su contextura ligera y estatura moderada, compensadas ampliamente con agilidad y rapidez. La combinación de estas cualidades le permitió mantener un equilibrio importante entre las tareas defensivas y su rol creativo, algo fundamental en un equipo que busca estabilidad tanto en defensa como en ataque.
El impacto de Aranda no se limitó a este partido; su irrupción había comenzado a notarse desde encuentros previos. En particular, tras ingresar durante el empate contra Gimnasia de Mendoza en La Bombonera —un partido marcado por la desaprobación popular hacia el rendimiento del plantel— el joven mostró signos claros de mejora e inyectó vivacidad al juego boquense. Pese a algunos errores propios de la inexperiencia, esa actuación le abrió las puertas para afianzarse como titular indiscutido.
La trayectoria personal de Tomás Aranda dentro del club también explica parte de esta rápida adaptación al primer nivel. Nacido en 2007 en Ciudadela, su talento comenzó a destacarse desde las divisiones formativas tras incorporarse luego de un paso breve por Ituzaingó. Su liderazgo se manifestó tempranamente cuando fue capitán de la Séptima división bajo la dirección técnica de Chipi Barijho durante 2023. Posteriormente ascendió a Reserva a comienzos del año siguiente, donde se consolidó como uno de los pilares del equipo bicampeón durante 2025 vistiendo incluso la emblemática camiseta número diez.
Su contrato profesional firmado hasta diciembre de 2029 es una muestra clara del respaldo institucional hacia su potencial. En Reserva acumuló estadísticas relevantes: cuarenta partidos disputados con cuatro goles anotados y siete asistencias entregadas respaldan su influencia directa sobre los resultados colectivos.
Físicamente mide 1,64 metros y tiene un perfil ligero; sin embargo, esto no ha sido impedimento para que despliegue una gran agilidad y capacidad para sortear rivales con gambetas precisas tanto con pierna derecha como izquierda. Su versatilidad le permite generar peligro desde media distancia o mediante jugadas individuales dentro del área rival.
El contexto actual del plantel profesional también ha favorecido la aparición de Aranda como una solución válida frente a bajas sensibles como las ausencias prolongadas o limitaciones físicas de jugadores clave como Alan Velasco o Palacios. En ese sentido, su desempeño no solo aporta frescura sino también respuestas concretas ante las dificultades que enfrenta Boca Juniors para mantener un rendimiento estable.
La consideración positiva hacia Aranda es compartida por figuras dentro del club: Claudio Úbeda elogió su inteligencia futbolística tras su ingreso contra Gimnasia y destacó cómo esa confianza se mantuvo durante el encuentro contra Lanús. Por otro lado, Mauricio Serna —ex integrante del Consejo de Fútbol— lo definió previamente como “el mejor jugador de las inferiores”, anticipando así lo que hoy se confirma como una realidad palpable dentro del primer equipo.
En definitiva, Tomás Aranda representa hoy no solo una esperanza sino una realidad concreta para Boca Juniors, quien necesita renovar energías e ideas ofensivas para volver a ser competitivo en todos los frentes. Su despliegue técnico y actitud proactiva han revitalizado al Xeneize justo cuando el equipo más lo requería, generando ilusión entre los aficionados sobre las posibilidades futuras tanto personales como colectivas dentro del club más popular del fútbol argentino
