La ministra de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, Cinthya Yáñez Eid, ha proyectado un significativo impacto económico para el país en el marco de las celebraciones del Carnaval. Según sus estimaciones, esta festividad podría generar un movimiento económico cercano a los 1.000 millones de bolivianos, cifra que refleja no solo la magnitud del evento en sí, sino también la diversidad de actividades y sectores que se ven involucrados en esta temporada festiva. Esta proyección se basa en un análisis comparativo con los datos del año anterior, cuando el Carnaval movilizó aproximadamente 700 millones de bolivianos. Al extrapolar estas cifras para el año en curso, la ministra anticipa un crecimiento considerable que beneficiará a múltiples ámbitos productivos.
El cálculo incluye no solo la celebración central del Carnaval, sino también las actividades previas conocidas como precarnavaleras. Estas abarcan desde la confección y venta de disfraces hasta la elaboración artesanal de trajes bordados y otros elementos característicos de esta festividad. Además, sectores como la hotelería, la alimentación y el transporte experimentan un aumento significativo en su demanda durante este periodo. La suma de todas estas áreas conforma un entramado económico que impulsa tanto a pequeños emprendedores locales como a grandes empresas vinculadas al turismo y servicios.
El Carnaval se vive con particular intensidad en diferentes regiones del país, cada una con sus tradiciones y fechas específicas. En Tarija, por ejemplo, se celebra la festividad de Comadres el 12 de febrero, una jornada que marca el inicio del ciclo festivo para muchas comunidades. Posteriormente, el 14 de febrero tienen lugar dos eventos emblemáticos: el tradicional Carnaval de Oruro y el corso en Santa Cruz. Aunque ambos son muy distintos en su estilo y manifestaciones culturales, comparten la característica de ser celebraciones majestuosas que atraen a numerosos visitantes nacionales e internacionales.
Las festividades continúan durante los días siguientes con eventos destacados como el Carnaval Vallegrandino el 15 de febrero, considerado uno de los más bellos por la ministra Yáñez debido a su colorido y expresividad cultural. Al día siguiente, se celebra la Jisk’a Anata en La Paz junto con el Carnaval de Trinidad que se caracteriza por la Carayana o carnaval blanco. Estos eventos reflejan la riqueza cultural y diversidad geográfica del país durante esta temporada festiva.
El cierre oficial del Carnaval está previsto para el 22 de febrero con actividades como la entrada de los ch’utas y pepinos en La Paz, mientras que entre medio se desarrollan corsos importantes como los que tienen lugar en Cochabamba el 21 de febrero. La autoridad enfatizó la importancia de vivir estas celebraciones con responsabilidad y respeto hacia las tradiciones, sin dejar de lado la diversión que caracteriza al Carnaval.
En términos turísticos, Oruro destaca como el departamento con mayor afluencia tanto de turistas internos como externos durante esta época del año. Esta posición lo convierte en un punto neurálgico para las actividades vinculadas al Carnaval y una fuente importante de ingresos para su economía local. Le siguen Santa Cruz y Tarija en cuanto a recepción turística durante las festividades carnavaleras, mientras que Cochabamba ocupa un lugar destacado debido al público joven que atrae gracias a las diversas fiestas organizadas durante este periodo, lo que también genera un notable movimiento económico.
Para fortalecer estos beneficios económicos derivados del turismo festivo y promover empleos formales dentro del sector turístico, el Ministerio ha implementado políticas orientadas a la capacitación y profesionalización. Un ejemplo concreto es el plan piloto desarrollado en Oruro donde se capacitó a 28 emprendimientos vinculados al Carnaval. En total fueron formadas alrededor de 100 personas especializadas en gastronomía bajo una certificación respaldada por el Viceministerio de Gastronomía y con apoyo del sector privado. Este programa busca garantizar un compromiso con la calidad turística que repercuta positivamente tanto en visitantes como en prestadores de servicios.
La ministra adelantó que esta iniciativa se replicará progresivamente en otros departamentos con alto potencial turístico o capacidad para recibir visitantes durante las festividades carnavaleras. El enfoque no solo abarca gastronomía sino también áreas claves como atención al turista, hotelería y guías turísticos. De esta manera se pretende fortalecer integralmente toda la cadena productiva relacionada con cultura y turismo para consolidar una oferta atractiva y sostenible.
En definitiva, las celebraciones carnavaleras constituyen mucho más que una tradición cultural; son un motor económico capaz de dinamizar múltiples sectores productivos a nivel nacional. La proyección cercana a los mil millones de bolivianos refleja cómo estas fiestas impactan positivamente en comunidades locales mediante generación de empleo formalizado y desarrollo turístico sostenido. Al mismo tiempo invitan a vivir estas expresiones culturales con respeto hacia su esencia ancestral pero disfrutando plenamente su carácter festivo e inclusivo para toda la población visitante y residente
