Hace más de una década, Rita Chávez, junto a su familia, tomó una decisión que marcaría un antes y un después en la gestión ambiental y el acceso al agua en su comunidad. En un acto pionero, destinaron cerca de 300 hectáreas de sus tierras a la conservación de los bosques con el propósito fundamental de proteger las fuentes hídricas que abastecen al municipio de Villa Vaca Guzmán. Esta iniciativa no solo refleja un compromiso personal con el cuidado del entorno natural, sino que también responde a una necesidad urgente y concreta: preservar las vertientes que nutren a la población local.
La experiencia de Rita Chávez es emblemática para la región. En tiempos pasados, las familias de El Arrayán, comunidad donde ella reside, enfrentaban dificultades significativas para acceder al agua potable. Caminatas prolongadas y esfuerzos constantes eran parte del día a día para conseguir este recurso vital. Sin embargo, gracias a la decisión de proteger los bosques y las nacientes de agua —conocidas localmente como “ojitos de agua”— la situación ha cambiado radicalmente. Hoy en día, el líquido llega limpio y seguro hasta los hogares, mejorando considerablemente la calidad de vida de los habitantes.
Este cambio no fue casual ni espontáneo; se gestó a partir del acompañamiento y asesoramiento proporcionado por Fundación Natura Bolivia. La organización introdujo a comunidades como la de Chávez en conceptos fundamentales sobre conservación ambiental y manejo sostenible del agua. A través del modelo denominado Acuerdos Recíprocos por Agua, se estableció un mecanismo innovador que vincula directamente la protección del bosque con incentivos tangibles para las familias que participan activamente en esta labor. De esta manera, más allá del beneficio ecológico, se generaron oportunidades económicas y sociales para quienes se convierten en guardianes del recurso hídrico.
El impacto positivo trascendió los límites individuales de cada parcela conservada. La colaboración estrecha entre la comunidad local, el Gobierno Municipal de Villa Vaca Guzmán y Fundación Natura Bolivia permitió ampliar significativamente el acceso al agua potable en la región. Según informó el alcalde Germán Herrera Barja, esta intervención alcanzó a 41 comunidades diferentes, beneficiando a 680 familias que anteriormente carecían de servicios básicos dignos relacionados con el suministro hídrico. Además, se lograron consolidar áreas protegidas e instaurar acuerdos formales para la conservación ambiental.
Uno de los hitos más relevantes fue la aprobación y reglamentación de una ley municipal orientada explícitamente a resguardar las fuentes de agua. Esta normativa constituye un precedente importante dentro del contexto regional del Chaco boliviano, ya que establece un marco legal sólido para garantizar la protección continua y sostenible del recurso hídrico frente a posibles amenazas futuras.
El modelo implementado llamó también la atención a nivel internacional. Kevin Seely, director de la Iniciativa Darwin, visitó recientemente Villa Vaca Guzmán para conocer directamente esta experiencia comunitaria. Su valoración fue altamente positiva: destacó cómo las familias han asumido con responsabilidad y convicción la tarea de conservar sus territorios naturales. Más allá de ser una imposición externa o una obligación legal, esta labor se ha convertido en una elección consciente que permite combinar producción sostenible con respeto al medio ambiente.
En paralelo a estas acciones comunitarias e institucionales, se impulsó también el Fondo Municipal de Conservación de Recursos Hídricos. Esta iniciativa fue promovida por Gualberto Carballo, coordinador regional del Chaco, como un instrumento financiero destinado a asegurar la sostenibilidad y continuidad en el tiempo del manejo adecuado de las fuentes hídricas locales. La creación del fondo representa un paso estratégico para consolidar los avances logrados y fortalecer las capacidades locales frente a desafíos futuros relacionados con el cambio climático o presiones socioeconómicas.
En suma, lo vivido en Villa Vaca Guzmán constituye un ejemplo inspirador sobre cómo una comunidad organizada puede transformar retos históricos en oportunidades para garantizar derechos básicos como el acceso al agua potable mediante prácticas responsables y colaborativas con su entorno natural. La historia iniciada por Rita Chávez hace 14 años hoy es testimonio palpable del impacto positivo que genera conjugar voluntad social con apoyo institucional para proteger recursos esenciales que sostienen vida y desarrollo local
