Una tragedia vial de proporciones devastadoras impactó la región de Morochata, Cochabamba, el pasado 27 de octubre, cobrando diecisiete vidas y dejando a más de treinta personas con heridas de diversa consideración. Más allá de las cifras, el suceso ha desgarrado familias, dejando a niños sin sus padres, cónyuges enlutados y sobrevivientes que ahora luchan contra abrumadoras deudas médicas.

Testimonios de quienes vivieron el horror revelan los instantes previos al impacto. Un pasajero, quien viajaba con nueve miembros de su familia, incluyendo a su esposa embarazada, sus padres y abuela, relató haber escuchado la desesperada advertencia del joven conductor: ¡Agárrense, agárrense! ¡No hay frenos!, segundos antes de que el autobús se precipitara por un barranco. A pesar de los esfuerzos por proteger a los suyos, la tragedia le arrebató a un ser querido. Su esposa, afortunadamente, fue sometida a una cesárea de emergencia y dio a luz a un bebé prematuro que, contra todo pronóstico, se encuentra fuera de peligro, un acontecimiento que la familia describe como un milagro.

La situación financiera de los afectados es crítica. Las facturas hospitalarias exceden con creces las posibilidades económicas de la mayoría, lo que ha impulsado un llamado a la solidaridad ciudadana. Aquellos que deseen brindar apoyo pueden comunicarse al 68507431. La lucha contra el dolor físico se suma a la angustia por los gastos médicos, las cirugías pendientes y la incertidumbre económica.

Juan López, quien no viajaba en el vehículo, vive una pesadilla similar. Su esposa, Rebeca Mamani, de 26 años, y sus dos hijos de 11 y 6 años sí lo hacían. El accidente le arrebató a Rebeca, madre de sus pequeños, quien fue velada junto a su prima de 12 años, también víctima del siniestro. Ahora, Juan enfrenta la abrumadora tarea de asegurar el bienestar de sus hijos, lidiando con una cirugía valorada en más de 30 mil bolivianos, una suma inalcanzable para él.

El fatal recorrido se inició en Quillacollo, con destino a la región Andina de Cochabamba. El siniestro ocurrió en la comunidad de Corata, Morochata, aproximadamente a las 09:00. Los primeros heridos llegaron a Quillacollo cerca del mediodía y fueron distribuidos en diversos centros de salud, incluyendo las clínicas Álvarez y Santa Rita, así como los hospitales Viedma y Benigno Sánchez. En Vinto, se despidió a Rebeca Mamani y a su joven prima.

Las investigaciones han puesto de manifiesto una alarmante cadena de irregularidades. El conductor del autobús, un joven de 23 años que sobrevivió al impacto, no poseía licencia de conducir. El vehículo carecía del Seguro Obligatorio Contra Accidentes de Tránsito (SOAT) y de la Inspección Técnica Vehicular (ITV) desde hacía al menos ocho años. Las autoridades de tránsito han señalado que la placa del vehículo correspondía a un camión, lo que sugiere una adaptación no autorizada para el transporte interprovincial de pasajeros, un aspecto que está siendo minuciosamente investigado por peritos para determinar si sufrió modificaciones estructurales. Además, la edad del conductor no le autorizaba a manejar este tipo de transporte, y los testimonios de pasajeros apuntan a que el autobús circulaba a alta velocidad y con un exceso de capacidad, con algunos usuarios incluso viajando de pie en el pasillo.

El conductor fue presentado ante un juez cautelar, quien dictó medidas sustitutivas a la detención preventiva, incluyendo detención domiciliaria, una fianza de 25 mil bolivianos y la obligación de presentarse semanalmente ante las autoridades, en el marco de una investigación por homicidio y lesiones graves y gravísimas en accidente de tránsito.

El alcalde de Morochata, Ramiro Mamani, junto a dirigentes locales, ha hecho un llamado a la solidaridad para con las víctimas, muchas de ellas oriundas de su municipio y de Independencia. El burgomaestre lamentó el precario estado de las vías, señalando que la provincia ha sido históricamente desatendida por el gobierno central. Para apoyar a los afectados, se ha habilitado una cuenta en el Banco Unión (1-0000028793889), dado que algunos pacientes enfrentan deudas médicas que superan los 50 mil bolivianos.

Mamani enfatizó el olvido que padece la región Andina por parte de las autoridades, resultando en carreteras en condiciones deplorables. Recordó que en 2021 un accidente similar dejó 25 muertos y estimó que, en los últimos cuatro años, más de 40 personas han perdido la vida en la ruta Vinto – Sacambaya, una vía alternativa que conecta Cochabamba y La Paz. Denunció la existencia de tramos críticos con curvas cerradas y pendientes peligrosas, y lamentó que, a pesar de las peticiones anuales de mantenimiento, el presupuesto asignado ha sido reducido en lugar de incrementado, atribuyendo la responsabilidad a la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC).

Este incidente no es aislado. Un día antes, el 26 de octubre, otro accidente en Tacopaya, alrededor de las 15:20, dejó una persona fallecida –una joven de 26 años– y diez heridos, cuando un minibús se embarrancó en una curva en el kilómetro 110.

Mientras tanto, las familias de los heridos peregrinan entre hospitales y oficinas, intentando cubrir los exorbitantes gastos médicos. El alcalde subrayó que la mayoría son agricultores de bajos recursos, cuya subsistencia depende de sus cultivos. Muchos han tenido que dejar sus comunidades para acompañar a sus seres queridos en la ciudad, incurriendo en gastos adicionales por comida, pasajes y alojamiento. Entre el dolor de la pérdida y la carga de la deuda, estas familias claman por ayuda y justicia, mientras intentan reconstruir lo poco que les ha quedado tras la devastadora tragedia

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