La Paz fue escenario este jueves por la mañana de un exhaustivo ejercicio de seguridad, preparando el terreno para la inminente ceremonia de transmisión de mando presidencial. El epicentro de la actividad fue la Plaza Murillo, corazón político de Bolivia, donde el 8 de noviembre se llevará a cabo el solemne acto.
Las fuerzas del orden procedieron al cierre total de todos los puntos de acceso a la plaza. Durante esta fase de ensayo, se restringió el ingreso incluso a los representantes de los medios de comunicación. Este despliegue preventivo busca perfeccionar los protocolos de seguridad para la investidura presidencial. Se ha diseñado una estructura de protección en capas, que incluye tres anillos de seguridad claramente definidos: uno interno, uno intermedio y uno externo.
Las autoridades encargadas de la seguridad ya habían anticipado la realización de un ensayo general para esta jornada, involucrando a las figuras clave que participarán en el evento de traspaso de poder.
El próximo sábado, el presidente electo Rodrigo Paz asumirá oficialmente la jefatura de Estado. La trascendencia del evento se subraya con la confirmación de la asistencia de cinco jefes de Estado y un total de 52 delegaciones internacionales.
El plan operativo para el 8 de noviembre en la capital ha sido meticulosamente elaborado, abarcando todas las precauciones requeridas y fruto de extensas reuniones de coordinación. Se prevé la movilización de aproximadamente 1.800 agentes policiales para cubrir todo el espectro del evento, desde la recepción de los dignatarios extranjeros en el aeropuerto de El Alto hasta la vigilancia de los tres perímetros de seguridad en la Plaza Murillo
