En 2025, la política boliviana experimentó un cambio significativo con la irrupción de Rodrigo Paz Pereira, senador de Comunidad Ciudadana, quien se consolidó como una figura inesperada en el escenario nacional. A comienzos de ese año, el panorama electoral se mostraba incierto, con candidaturas poco definidas, partidos que se distanciaban y aliados que abandonaban sus proyectos.
El 8 de mayo, Paz formalizó una alianza con Edmand Lara Montaño, ex capitán de la Policía, conformando un bloque denominado de “renovación” que buscaba transformar la política tradicional. Su plataforma incluía propuestas como la eliminación de la Aduana Nacional, la lucha contra la burocracia y la corrupción, y un compromiso con un cambio profundo que atrajo a sectores desencantados con el modelo vigente y los partidos establecidos.
Durante la campaña, optaron por una estrategia diferente: evitar la confrontación directa, demandar participación en debates especializados y mantener un contacto cercano con la población. Según ellos, esta táctica respondía a la saturación de promesas vacías y priorizaba una agenda enfocada en la cercanía con los ciudadanos.
Este enfoque dio resultados positivos. En la primera vuelta, superaron a organizaciones que inicialmente lideraban las encuestas, posicionándose como la opción más votada gracias a un mensaje claro y centrado que conectó con un electorado afectado por la crisis. Finalmente, en la segunda vuelta celebrada el 19 de octubre, el Tribunal Supremo Electoral proclamó a Paz y Lara como los nuevos mandatarios de Bolivia, tras obtener el 54,96 % de los votos, imponiéndose a su contrincante Jorge Tuto Quiroga.
Esta victoria no solo representó un cambio de nombres en el Ejecutivo, sino que puso fin a casi dos décadas de dominio del MAS en el poder.
El 8 de noviembre, ambos juraron sus cargos en un acto que marcó el inicio de una nueva etapa política, económica y social. Horas antes, en la Fexpocruz, lanzaron el foro Visión Bolivia 2025, donde invitaron a empresarios nacionales e internacionales a invertir, prometiendo una apertura económica y un impulso a la inversión privada.
Rodrigo Paz afirmó con firmeza que “se acabó el secuestro”, en referencia al monopolio estatal y la burocracia que, según él, limitaron el desarrollo del país durante los años de gestión del MAS, asegurando que Bolivia renacería con seguridad jurídica, empleo y dignidad para todos.
Sin embargo, la armonía inicial entre el presidente y su vicepresidente fue efímera. Pocos días tras asumir, Edmand Lara expresó públicamente su descontento, calificando a Paz de “mentiroso” y denunciando el incumplimiento de las promesas hechas durante la campaña mediante un video difundido en TikTok.
La tensión se profundizó luego de la remoción de Freddy Vidovic, abogado personal de Paz, como ministro de Justicia, y la exigencia de Lara para que también fuera destituido el ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo.
Durante la campaña, Lara había señalado que su posición como vicepresidente y presidente nato de la Asamblea Legislativa Plurinacional le otorgaría un poder superior al del presidente, afirmando que sin su aprobación, el mandatario no podría avanzar en su gestión.
Estas diferencias evidencian que lo que inicialmente se presentó como una fórmula complementaria derivó en una rivalidad abierta. Algunos analistas consideran que su triunfo fue producto de una serie de circunstancias fortuitas, aunque advierten sobre la fragilidad del proyecto frente a las presiones del poder y las ambiciones personales
