Los máximos dirigentes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte se reunieron este lunes en Cardiff y difundieron una declaración conjunta en la que reivindicaron su “derecho a la autodeterminación” y sostuvieron que el futuro de sus territorios pasa por la Unión Europea. El encuentro, inédito por la coincidencia de líderes independentistas al frente de las tres administraciones autónomas del Reino Unido, reunió a representantes de los principales partidos soberanistas de esas naciones.
La cita fue encabezada por el primer ministro galés, Rhun ap Iorwerth, líder de Plaid Cymru, quien recibió al jefe de Gobierno escocés, John Swinney, del Partido Nacional Escocés (SNP), a la primera ministra norirlandesa, Michelle O’Neill, vicepresidenta del Sinn Féin, y también a la presidenta de esa formación, Mary Lou McDonald. Los participantes dejaron claro que acudieron en calidad de dirigentes de partido y no como portavoces de sus respectivos gobiernos.
En el texto difundido tras la reunión, los líderes afirmaron que “nuestras naciones tienen derecho a la autodeterminación” y acusaron al gobierno de Westminster de no tener legitimidad para frenar los procesos democráticos. “Ningún gobierno de Westminster tiene derecho a poner trabas a la democracia”, señalaron. También pidieron al Ejecutivo británico que “prepare, planifique y facilite los cambios constitucionales” que, a su juicio, deberían abrir paso a nuevas consultas sobre el futuro político de sus territorios.
La declaración insistió además en que el lugar natural de Escocia, Gales e Irlanda del Norte está en la Unión Europea, y atribuyó al brexit un efecto perjudicial sobre sus economías y su posición política. La reunión se produjo en un momento en que los gobiernos británicos han mantenido su rechazo a autorizar referendos de independencia, una postura que se ha mantenido desde la consulta celebrada en Escocia en 2014, cuando el 55% de los votantes optó por seguir en el Reino Unido. La semana pasada, Downing Street volvió a cerrar la puerta a cualquier cambio de criterio. “El primer ministro Andy Burnham cree firmemente en la unión del Reino Unido”, respondió el lunes su portavoz.
El encuentro en Cardiff también estuvo marcado por las recientes declaraciones de Donald Trump, que el pasado fin de semana sorprendió al afirmar que sería “fantástico” que la República de Irlanda e Irlanda del Norte se unificaran. Durante su visita a Irlanda, el presidente estadounidense llegó a decir que, a su juicio, esa reunificación terminará produciéndose. Sus palabras fueron interpretadas por Michelle O’Neill como una muestra de que el debate sigue muy presente. La dirigente del Sinn Féin aseguró que esas declaraciones demuestran que la cuestión de la reunificación “está muy viva” y que despierta interés incluso a escala internacional.
Sin embargo, en Irlanda del Norte no todos recibieron esas afirmaciones con entusiasmo. En Belfast, algunos ciudadanos las tomaron con cautela. Jim Boyle, de 64 años y trabajador del sector medioambiental, resumió ese escepticismo con una frase: “Pidió la unidad de Irlanda. Mañana dirá otra cosa”.
Londres sigue ateniéndose a los acuerdos de paz del Viernes Santo, firmados en 1998 para poner fin a décadas de violencia en Irlanda del Norte. Ese pacto contempla la posibilidad de un referéndum sobre la reunificación siempre que exista una mayoría clara favorable a esa opción entre la población de la provincia.
En Cardiff, los dirigentes independentistas insistieron en que cada nación avanzará a su propio ritmo hacia ese objetivo. John Swinney defendió que un referéndum sobre la independencia de Escocia debería celebrarse en los próximos cinco años. En el caso de Gales, Rhun ap Iorwerth evitó fijar una fecha para una eventual consulta y recordó que, tras su elección en mayo, había descrito la independencia como una meta lejana. “Prefiero dejar la cuestión del calendario en manos del pueblo galés”, afirmó, aunque añadió que cada vez resulta más evidente que “Westminster no funciona”.
Por su parte, Andy Burnham, exalcalde del Gran Manchester, ha situado una mayor descentralización entre sus prioridades desde que llegó al poder en julio, en un contexto político en el que la relación entre el gobierno central británico y las administraciones autónomas vuelve a quedar bajo presión.