La Gobernación de Santa Cruz mantiene en operación su sistema de respuesta ante incendios forestales, mientras seis emergencias continúan bajo atención en distintos puntos del departamento y 76 personas permanecen movilizadas para contener el fuego, informó este lunes la secretaria de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente, Marisol Yabeta.
Según el reporte presentado por la autoridad, durante la jornada se registraron 715 focos de calor, una cifra que se suma a un acumulado anual que ya supera los 21.000. En lo que va del año, además, se contabilizaron 142 incendios forestales, con una superficie afectada de 41.360 hectáreas.
Las emergencias bajo seguimiento se concentran en los municipios de Concepción, San Antonio de Lomerío, San Ignacio de Velasco, Roboré, Cotoca y Charagua. En Concepción, la vigilancia se mantiene de forma permanente, mientras que en Charagua, dentro de la reserva Ñembi Guasu, el incendio se encuentra en etapa de liquidación y el personal continúa desplegado en el lugar para evitar una posible reactivación.
Yabeta explicó que la activación de la respuesta depende del monitoreo que realiza el Sistema de Alerta Temprana de Incendios Forestales, herramienta que permite ubicar los puntos de riesgo y comunicar de inmediato las emergencias a los municipios para su intervención.
La atención de los incendios se desarrolla de manera coordinada entre bomberos comunarios y municipales, unidades de Gestión de Riesgos, bomberos voluntarios y guardaparques. A ello se suma la coordinación con la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), debido a que algunos focos se registran en predios privados.
Uno de los principales obstáculos para el trabajo en campo es la falta de combustible, situación que dificulta el desplazamiento de los equipos de emergencia. Por ello, la secretaria pidió al Gobierno central realizar las gestiones necesarias para garantizar el abastecimiento del recurso.
Mientras tanto, la Gobernación continúa coordinando acciones con los municipios identificados como zonas de riesgo, ante la persistencia de altas temperaturas y fuertes vientos que pueden favorecer la propagación del fuego.