Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro cerraron este sábado sus campañas con caravanas y recorridos en motocicleta, acompañados por miles de simpatizantes, en la antesala de unas elecciones presidenciales que se presentan muy ajustadas y que se definirán en las urnas este domingo.
Lula, que a punto de cumplir 81 años busca un cuarto período en el poder, tenía previsto culminar el tramo final de su última batalla electoral sobre el techo de un automóvil, frente a una multitud reunida en Sao Paulo. La capital económica de Brasil volvió a convertirse así en el escenario central de la recta final para el presidente de izquierda, del mismo modo que ocurrió hace cuatro años, cuando cerró allí su campaña antes de imponerse en un balotaje muy disputado a Jair Bolsonaro, expresidente de extrema derecha y padre de Flávio Bolsonaro.
El legislador de 45 años, por su parte, recorrió el interior de Sao Paulo en motocicleta, siguiendo una puesta en escena que remite al estilo político de su padre. Con esa estrategia, busca capitalizar el avance de los gobiernos conservadores en América Latina y consolidarse como heredero de ese espacio político. Las elecciones, además, son observadas “muy de cerca” por el presidente estadounidense Donald Trump, aliado de Jair Bolsonaro.
Las encuestas muestran que ninguno de los dos candidatos reúne el apoyo suficiente para imponerse en primera vuelta, por lo que todo apunta a un segundo turno previsto para el 25 de octubre.
En Sao Paulo, Lula recorrió una vía cercana a la emblemática Avenida Paulista, donde lo esperaba una multitud vestida de rojo, color de su Partido de los Trabajadores. Entre camisetas y gorras con consignas como “Make Lula president again” o “Brasil es de los brasileños”, sus simpatizantes acompañaron el cierre con un fuerte tono de defensa de la soberanía nacional.
“Trump quiere hacer de nuestro Brasil su patio trasero, eso no puede ser de ninguna manera. Por eso esta elección es muy importante”, declaró a la AFP Adriana Lima, profesora de educación infantil de 44 años, vestida de rojo y con los labios pintados de carmín.
Durante la campaña, Lula insistió en ese mensaje y acusó al gobierno de Trump de querer apropiarse de las riquezas de Brasil, entre ellas las tierras raras. En esa misma línea, Tiago Lorureto, contador de 35 años, sostuvo que la votación no se limita a elegir un presidente. “Es fundamental que los brasileños sepan que no solo están votando por un candidato a presidente; están votando por quien defiende nuestro país o por quien entrega nuestro país”, afirmó.
Del lado de Flávio Bolsonaro, la jornada estuvo marcada por la llamada “Caravana de la victoria”, con un recorrido de unos 20 kilómetros que luego se repetiría en Rio de Janeiro. Aunque Trump no ha expresado un respaldo directo al hijo del expresidente, sí mantiene su cercanía política con Jair Bolsonaro, condenado por golpismo.
En Santa Bárbara d’Oeste, donde se formaron filas de motocicletas y vehículos 4×4 a la espera de la llegada del candidato, varios simpatizantes expresaron su malestar con el rumbo del país. “Lo que vivimos hoy no es una democracia. Nosotros, la gente sencilla, no conseguimos tener una vida digna”, dijo a la AFP Eliane Boscolo. La mujer, que llevaba una camiseta con la foto de Flávio Bolsonaro, también sostuvo: “Trump tiene que intervenir. Porque su país, Estados Unidos, es un país que solo crece financieramente, ¿y nosotros aquí cómo nos vamos a quedar?”.
La contienda llegó a su cierre con una campaña marcada por ataques constantes entre ambos aspirantes, aunque sin debates cara a cara. Lula y el primogénito de su enemigo político se enfrentaron durante semanas en un clima de fuerte polarización, mientras Flávio Bolsonaro intentó aprovechar el descontento acumulado contra el gobierno por el aumento del costo de vida y de la inseguridad tras cuatro años de gestión de la derecha.
La corrupción también ocupó un lugar central en la campaña y terminó salpicando al candidato derechista, investigado por ese delito y por lavado de dinero.
A pocas horas de la votación, todavía había electores que no habían definido su decisión. Una de ellas es Patrícia Catherine de Sousa, cuidadora de ancianos de 35 años, quien admitió que no sigue con entusiasmo el debate político, pero sí quiere evitar equivocarse en la urna. “Ese debate político para mí es perder el tiempo. Pero como