El Arsenal aprovechó el tropiezo del Manchester City para asaltar Anfield con una victoria de enorme valor ante el Liverpool (0-1), construida a partir del gol de Kai Havertz, tras una asistencia de Declan Rice, y sostenida por una defensa firme y resistente en un escenario que durante 14 años se le había resistido.
No fue un triunfo especialmente vistoso ni se apoyó en un volumen alto de ocasiones, pero sí en una versión muy reconocible del conjunto de Mikel Arteta: práctica, competitiva, sólida y eficaz en los detalles. Ese conjunto de virtudes volvió a reforzar la imagen de fiabilidad del Arsenal, vigente campeón de la Premier League y ahora de nuevo líder, con tres puntos de ventaja sobre el City y nueve sobre el Liverpool, en una carrera por el título que vuelve a colocarlo, al menos por sensaciones, como máximo favorito.
La cita en Anfield tenía un peso especial. El partido llegó marcado por la derrota del Manchester City el sábado, lo que convertía el duelo en una oportunidad de oro para el Arsenal y en una prueba directa entre dos equipos que se sienten fuertes, con argumentos suficientes para pelear por todo. En ese contexto, el encuentro se vivió como una victoria de “cuatro puntos”: un golpe para el perdedor y un impulso enorme para el ganador. Todo ello, además, con dos técnicos españoles en los banquillos, Mikel Arteta y Andoni Iraola.
El primer golpe lo dio el Arsenal en el minuto 16. Declan Rice apareció por la banda derecha, dobló a Madueke y puso un centro raso, preciso y perfectamente medido, que Kai Havertz remató para abrir el marcador. Fue una acción que resumió bien la capacidad del equipo londinense para encontrar ventajas en momentos concretos y convertir una ocasión en una ventaja decisiva.
El Liverpool reaccionó con intensidad y trató de imponer su empuje, su ritmo y su verticalidad. Se volcó sobre el área rival y empujó al Arsenal hacia atrás durante tramos largos del encuentro, aunque le faltó precisión en el último pase y en la finalización. Pese a dominar por momentos y encerrar a su rival, no logró traducir ese impulso en remates limpios ni en ocasiones suficientemente claras como para alterar el marcador.
El equipo de Arteta, por su parte, mostró una notable capacidad para resistir cerca de su área. David Raya intervino con atención en una acción ante Isak, mientras el Arsenal se defendía con orden frente a una sucesión de intentos locales que no terminaron de encontrar premio. Kerkez desperdició una volea, Barcola tomó malas decisiones en otras acciones y Florian Wirtz rozó el empate con una falta directa que se estrelló en el larguero. A ello se sumó una ocasión clarísima de Mac Allister, que cabeceó solo en el centro del área y mandó el balón alto cuando parecía una jugada hecha para el gol.
La segunda parte mantuvo un guion parecido en sus primeros compases. El Liverpool siguió buscando el empate con insistencia, pero sin llegar a generar un tiro a portería en todo el partido. Isak volvió a intentarlo con otro remate desviado, aunque el caudal de peligro fue disminuyendo con el paso de los minutos. El Arsenal, más cómodo en el repliegue y cada vez más firme en su plan, incluso tuvo la opción de sentenciar con el 0-2, pero Alisson respondió con una gran parada ante Tzolis.
No hizo falta más. El Arsenal defendió su ventaja con autoridad y se llevó de Anfield una victoria que vale mucho más que tres puntos. Le permite consolidarse en el liderato, reforzar su candidatura y mandar un mensaje claro en una temporada en la que, de nuevo, se presenta como uno de los grandes nombres de la Premier League.