El presidente Rodrigo Paz ha insistido desde el inicio de su gestión en que uno de sus propósitos es abrir Bolivia al mundo, con la idea de generar condiciones favorables no solo en el plano diplomático, sino también en el económico, especialmente para atraer inversiones. Sin embargo, a 11 meses de gobierno, todavía no se han cubierto las vacancias en el servicio exterior con diplomáticos de carrera, una situación que para el exembajador de Bolivia ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Jaime Aparicio, refleja además la ausencia de una política exterior definida.
En una entrevista con UNITEL, Aparicio sostuvo que los viajes internacionales del mandatario han sido positivos, pero advirtió que eso no equivale a hacer diplomacia. En su evaluación, las visitas del presidente a Estados Unidos, Chile y otros encuentros con jefes de Estado “están muy bien” porque abren puertas, aunque remarcó que la diplomacia real ocurre después, en el trabajo de seguimiento, en la concreción de acuerdos y en la labor técnica que permite que esos contactos se traduzcan en resultados concretos.
El exembajador consideró que ese proceso requiere equipos profesionales y advirtió que, si no se produce un cambio de rumbo, Bolivia seguirá “a la deriva” en materia de relaciones internacionales. A su juicio, el problema no se limita a la falta de embajadores, sino a la inexistencia de un servicio diplomático profesional que defienda los intereses del país en el exterior.
Aparicio calificó como “muy grave” la falta de una política exterior en el contexto actual, marcado por la crisis económica y por desafíos internos como la seguridad y la lucha contra el narcotráfico. Señaló que estas circunstancias exigen cooperación internacional y una interlocución activa tanto con países vecinos como con organismos multilaterales, además de relaciones fluidas con actores como Estados Unidos y la Unión Europea.
En esa línea, afirmó que la ausencia de un servicio diplomático y de una política exterior clara está causando un daño importante al país. También expresó su expectativa de que, así como se han impulsado cambios en otros ámbitos, el Gobierno tome conciencia de la necesidad de institucionalizar el servicio exterior, recuperar la carrera diplomática y devolverle estructura al manejo de las relaciones internacionales.
Para Aparicio, Bolivia cuenta con profesionales de carrera con experiencia y conocimiento suficientes para ocupar los principales cargos del servicio exterior. Sin embargo, lamentó que esa capacidad esté siendo desaprovechada, pese a la inversión pública realizada en su formación. Desde su perspectiva, el cierre de ese sistema ha generado incluso un perjuicio económico, considerando que se trata de un modelo que existe en la mayoría de los países.
El exembajador también cuestionó la forma en que, a su juicio, se concibió el inicio de la gestión de Paz en materia internacional. Dijo que se pensó que las relaciones exteriores podían conducirse mediante contactos personales, tanto del entonces canciller Aramayo como de Cerimedo, a quien vinculó con una visión de la diplomacia basada en salir, viajar y establecer vínculos directos. Cerimedo, recordó, fue asesor del presidente Rodrigo Paz y actualmente se encuentra encarcelado por un proceso de intento de feminicidio y legitimación de ganancias ilícitas.