La campaña de zafra en Bermejo ha alcanzado un progreso del 33%, con proyecciones de concluir en octubre, previo a la festividad de Todos Santos. Sin embargo, este avance se ve ensombrecido por la creciente inquietud de los productores de caña respecto a la estabilidad del precio del azúcar.
Aníbal Villca, representante de los cañeros independientes de la región, corroboró este porcentaje de avance. Los agricultores estiman que, en aproximadamente mes y medio de labores de corte adicionales, buscarán cumplir con sus compromisos contractuales, aspirando a alcanzar volúmenes como las 2.500 toneladas estipuladas en algunos acuerdos.
La principal preocupación actual radica en el estancamiento del precio del azúcar. El quintal se mantiene en 280 bolivianos, sin haber experimentado ninguna variación, a pesar de que otros bienes de consumo básico han registrado incrementos de hasta el 50% en el mercado. Este valor, idéntico al del año anterior, contrasta notablemente con la realidad del consumidor. Mientras la Industria Azucarera de Bermejo (IABSA) fija el precio en 280 bolivianos por quintal, en los puntos de venta al público este se eleva a 300 bolivianos.
Hasta la fecha, se calcula que aproximadamente 72.000 toneladas de caña han sido procesadas en el ingenio. Los productores confían en alcanzar los volúmenes totales acordados con los industriales antes de la culminación de la zafra y la fase de producción de azúcar.
Las vías de acceso a las áreas de cultivo se encuentran en buen estado. No obstante, es previsible que surjan algunas complicaciones con la llegada de las primeras precipitaciones, un fenómeno habitual hacia el final de la temporada de cosecha.
Se confirmó que la maquinaria de corte de caña, propiedad de la subgobernación, está siendo utilizada por los agricultores, quienes abonan una tarifa por este servicio. De manera similar, los zafreros reciben una remuneración de 85 bolivianos por cada tonelada de caña cosechada.
Inicialmente, la campaña enfrentó desafíos debido a la escasez de mano de obra especializada. Sin embargo, la disminución en el flujo de transporte de mercancías hacia Argentina ha propiciado el retorno de numerosos trabajadores a las labores de corte de caña. A pesar de esta mejora, aún se requiere más personal para optimizar la entrega de caña al ingenio. Se ha establecido que no hay restricciones en la cantidad que cada productor puede suministrar. La aspiración colectiva es evitar que, como en temporadas pasadas, parte de la cosecha permanezca sin recolectar en los campos.
En cuanto a la estructura de costos, se observa una paradoja: a pesar de la reciente depreciación del dólar en el mercado, los precios de diversos insumos agrícolas esenciales para los cañeros no han disminuido. Estos se mantienen en niveles elevados, comparables a los registrados cuando la divisa estadounidense cotizaba a 18 bolivianos. Los comerciantes justifican esta situación alegando que sus existencias actuales fueron adquiridas cuando el tipo de cambio del dólar era más alto, y que necesitan agotar dicho inventario antes de poder reponerlo con productos comprados a un valor de dólar más bajo
