El Manchester City salió de Leipzig con una victoria tan valiosa como discutible, resuelta en el minuto 78 por la conexión entre Elliot Anderson y Erling Haaland en un partido irregular, lleno de errores y con un desarrollo que castigó al conjunto alemán más de lo que premió al inglés. El 2-3 final dejó al equipo de Enzo Maresca con nueve puntos y en la séptima posición, aunque la sensación fue la de un triunfo sostenido más por dos acciones individuales que por el funcionamiento colectivo.
El encuentro había ofrecido desde el inicio la imagen de un City incómodo, errático y poco fiable, capaz de adelantarse dos veces pero también de conceder el empate en ambas ocasiones. El Leipzig, fiel a su plan, consiguió llevar el duelo hacia un terreno mucho más favorable a sus intereses, y durante varios tramos pareció más cerca de imponer su idea que su rival. Sin embargo, acabó marchándose sin recompensa pese a su capacidad para reaccionar y competir de tú a tú ante un adversario de mayor presupuesto y mayor pegada.
La primera parte dejó una versión apagada del conjunto inglés. El arranque resultó prometedor apenas unos minutos, hasta un remate desviado de Rayan Cherki en el minuto 8, pero después el equipo perdió control, fuerza y continuidad en el juego. Le costó encontrar a Haaland, aislado durante casi todo el primer tiempo, y también a jugadores como Cherki o Foden, que apenas lograron influir hasta un disparo del inglés en el 36 que salió rozando el poste. En ese contexto de intrascendencia, el City se adelantó de manera inesperada, en una acción marcada por la fortuna o por un grave error de Lukeba, que acabó introduciendo el balón en su propia portería en una jugada tan confusa como desafortunada.
Ese 0-1 no alteró de verdad el guion. Tras un tramo en el que el City pareció ganar algo de seguridad y el Leipzig se vio obligado a reajustarse, la reanudación cambió por completo el escenario. El equipo alemán salió convencido de que podía darle la vuelta al marcador y lo hizo con rapidez. Primero empató gracias a Baku, que aprovechó un despiste de Donnarumma para marcar con un toque sencillo desde la banda derecha, y después tomó ventaja con un cabezazo de Enzo Fernández tras un centro de Ndiaye, imposible para el portero italiano.
Pero el City volvió a demostrar que dispone de demasiados recursos como para quedar definitivamente sometido. Haaland dispuso de la primera gran ocasión para empatar, aunque Vandervoordt respondió con una gran intervención. Poco después, el propio Enzo Fernández firmó el 1-2 con un remate de cabeza incontestable. Sin embargo, la alegría duró muy poco: apenas tres minutos más tarde, y de nuevo con concesiones defensivas del City, Nusa firmó el 2-2 y devolvió el partido al punto de partida.
Cuando el duelo parecía abierto a cualquier desenlace, apareció la jugada decisiva. Elliot Anderson rompió líneas con una conducción poderosa y sirvió un centro perfecto para que Haaland, lanzándose con determinación, rematara a ras de suelo y estableciera el 2-3 en el minuto 78. Fue la acción que terminó por inclinar un choque en el que el City no se mostró como un bloque sólido, pero sí como un equipo capaz de resolver por la calidad de sus futbolistas más determinantes.
El Leipzig todavía tuvo margen para seguir soñando. Donnarumma volvió a intervenir con acierto en una acción posterior y el larguero también evitó un nuevo sobresalto para el City, que incluso dispuso de alguna ocasión más para ampliar la diferencia. Aun así, el resultado no cambió. El equipo alemán se quedó con tres puntos, mientras el City sumó una victoria que le sirve para avanzar, aunque no para disipar del todo las dudas que dejó su actuación.