La normalización del suministro de carburantes ha generado inquietud significativa entre los productores agrícolas y ganaderos en diversas zonas del país, particularmente en la región de Tarija. La recurrencia de largas filas en las estaciones de servicio se ha convertido en una imagen habitual, provocando preocupación en sectores clave como el agropecuario en el valle central, Bermejo y el Chaco. Existe un temor generalizado a que una prolongada escasez de combustible afecte severamente la producción y comercialización de alimentos y materias primas, impactando directamente en los costos operativos.

En la zona de Cercado, la agricultura se encuentra en una situación de riesgo. La necesidad de diésel para la preparación del terreno mediante tractores y de gasolina para el funcionamiento de las bombas de agua destinadas al riego es fundamental para las actividades diarias. Representantes del sector han manifestado que, de no restablecerse el abastecimiento, el calendario agrícola regional podría sufrir importantes retrasos. Actualmente, hay productores en plena fase de cosecha y otros iniciando la siembra, pero las restricciones en la adquisición de combustible, limitadas a unos 120 litros mensuales por persona, resultan insuficientes para cubrir las demandas del campo. Se estima que un tractor puede consumir alrededor de 100 litros de diésel por jornada de trabajo, lo que obliga a muchos agricultores a depender de terceros para complementar su suministro.

Además de los desafíos con el combustible, el sector enfrenta otro obstáculo: el incremento de los precios de los agroquímicos y fertilizantes importados. La escasez de dólares ha encarecido considerablemente estos insumos esenciales, elevando la hoja de costos para los productores. Por ejemplo, abonos que antes costaban 200 bolivianos ahora se cotizan entre 550 y 600, mientras que agroquímicos que valían 70 bolivianos superan actualmente los 280.

En el municipio de Bermejo, aunque las recientes lluvias han reducido temporalmente la dependencia de la gasolina para el riego, la preocupación persiste. Las filas en los surtidores son extensas, y las cargas de combustible se limitan a menudo a montos reducidos, insuficientes para las necesidades. La próxima zafra de caña, cuya fecha aún no ha sido definida, podría verse comprometida si la situación no mejora. El transporte de la caña requiere un suministro constante de carburante para los camiones, y se espera que, al igual que el año pasado, se priorice a estos vehículos. La falta de mantenimiento en los caminos agrava aún más la logística para el sector productivo en esta región.

Desde el Gran Chaco, el sector ganadero también reporta dificultades. Si bien las precipitaciones han aliviado momentáneamente la demanda, la combinación de la escasez de diésel y el deterioro de la infraestructura vial ya está afectando la movilización del ganado para su comercialización. Los surtidores suelen agotar sus existencias antes de las dos de la tarde, y la asignación mensual de 120 litros de diésel por ganadero es inadecuada para las tareas en el campo. La situación podría empeorar significativamente si cesan las lluvias, ya que aumentará la necesidad de combustible tanto para garantizar el acceso al agua como para trasladar el ganado a los centros de venta.

El sentimiento predominante entre agricultores y ganaderos es de incertidumbre. Hacen un llamado a las autoridades para que garanticen el abastecimiento de combustibles, especialmente en las zonas rurales, y reconozcan la importancia estratégica del sector agropecuario para la seguridad alimentaria del país.

Por su parte, la Asociación de Surtidores de Tarija ha solicitado a las entidades competentes considerar un aumento en los volúmenes de carburantes asignados a las estaciones de servicio. Señalan que el suministro de gasolina cubre actualmente cerca del 80% de la demanda, pero se agota generalmente al promediar la una de la tarde. En el caso específico del municipio de Entre Ríos, la dotación se limita a dos cisternas de 20.000 litros por semana, cantidad que consideran insuficiente para satisfacer las necesidades locales

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