A seis días del colapso de un terraplén de aproximadamente 100 metros en la sección Boca Mejora de la mina de la Cooperativa 9 de Abril, en la parte posterior del Cerro Rico de Potosí, las labores de rescate continúan sin avances significativos. Hasta ahora, los bomberos solo lograron recuperar tres cuerpos en las primeras horas de la emergencia, mientras persiste la sospecha de que aún habría más víctimas bajo los escombros.
El derrumbe ocurrió cerca de las 23:00 del martes 29 de septiembre, dentro del área de operaciones de la cooperativa minera. Desde entonces, la situación ha generado preocupación e incertidumbre entre las familias de los trabajadores, que se acercaron al lugar en busca de información sobre el paradero de sus seres queridos.
De acuerdo con la información disponible, la emergencia comenzó cuando los afiliados a la entidad cooperativa dieron la voz de alerta al temer que varios mineros hubieran quedado atrapados tras el derrumbe. En los primeros momentos, fueron los propios mineros quienes, pese al riesgo que representaba el terreno inestable, ingresaron a la zona afectada para intentar auxiliar a posibles sobrevivientes o recuperar a sus compañeros.
Con la llegada de las unidades de rescate, los bomberos confirmaron que los testimonios recogidos apuntaban a que otros obreros no habrían logrado salir del yacimiento. Esa versión mantiene abierta la posibilidad de que existan más cuerpos sepultados.
La zona donde ocurrió el colapso es considerada de alto riesgo por sus condiciones de inestabilidad. Según la información difundida por El Potosí, el desprendimiento dejó en evidencia la fragilidad del terreno, atribuida al desarrollo de saloneos y a la existencia de vacíos no consolidados en las galerías subterráneas, factores que habrían comprometido la resistencia del suelo hasta provocar el deslizamiento.
Pese a ello, los trabajos para realizar una búsqueda más detallada no han podido concretarse. Uno de los principales obstáculos ha sido la ausencia de dirigentes y socios de la Cooperativa 9 de Abril en el lugar del siniestro, lo que ha interrumpido el flujo de información logística y técnica necesario para orientar el operativo.
A esa dificultad se suma el retiro progresivo de algunas de las personas que inicialmente denunciaban la posible desaparición de sus allegados. Sin un mapa situacional de la mina, sin la guía de quienes conocían el funcionamiento del yacimiento y con escaso apoyo técnico especializado para una inspección segura, los bomberos permanecen a la espera de datos precisos que permitan continuar el rastreo en el área colapsada.