Después de más de veinte años, el Viceministerio de Defensa Social vuelve a contar con un liderazgo renovado, que afronta este desafío con mayor serenidad y madurez. Esta nueva etapa se plantea con la intención de abordar la lucha contra el narcotráfico desde una perspectiva basada en la tranquilidad y el diálogo, reconociendo que la fortaleza también reside en la calma para enfrentar problemas complejos.

Entre las prioridades inmediatas se encuentran tres objetivos clave: conocer con precisión la cantidad de hoja de coca que se destina al mercado ilegal para la producción de cocaína; establecer el factor de conversión entre la hoja de coca y la cocaína, es decir, cuántos kilos de materia prima se requieren para obtener un kilo de droga; y determinar el potencial anual de producción de cocaína en el país. Sin esta información, la gestión antidroga carece de rumbo claro y resulta imposible evaluar avances o compararse con otros países.

Actualmente, se reconoce que esta información no se maneja con la transparencia necesaria. Aunque existen informes elaborados por la cooperación internacional, en administraciones anteriores se optó por ocultar datos fundamentales, como el potencial de producción de cocaína. Cambiar esta práctica es una de las primeras metas, para que los datos sean públicos y verificables, permitiendo un análisis objetivo y un mejor diseño de políticas.

En cuanto a la colaboración internacional, se enfatiza la necesidad de cooperación sin caer en dependencia. Mantener la soberanía nacional es fundamental, pero también se requiere apoyo en términos de información, recursos financieros, materiales y de inteligencia. La salida de agencias internacionales como la DEA fue vista como un error, dado que el narcotráfico opera a nivel transnacional y es necesario contar con aliados para enfrentar estas redes criminales.

Sobre el posible retorno de la DEA, se manifiesta un claro respaldo, señalando que su presencia sería beneficiosa para el país, ya que esta agencia posee información crucial sobre financiamiento, rutas y estructuras del narcotráfico que operan más allá de las fronteras nacionales.

Respecto a la presencia de cárteles internacionales, se reconoce la dificultad para identificar con exactitud su número y ubicación. Sin embargo, el enfoque debe centrarse en reducir la atracción que Bolivia representa para estas organizaciones, lo cual solo se logra disminuyendo la producción de cocaína. La incautación de droga, aunque importante, no es suficiente; es necesario atacar la raíz del problema, que es la producción ilegal de cocaína.

A nivel global, se estima que solo alrededor del 10% de la droga producida es incautada, lo que implica que la mayoría de la cocaína sigue circulando. Por ello, la estrategia debe orientarse a evitar que la droga se produzca en primer lugar, en lugar de centrarse únicamente en la intercepción.

En cuanto a los controles sobre la hoja de coca, se plantea la necesidad de identificar con exactitud cuánta se destina al mercado legal, evitando la manipulación de datos que permita excedentes no autorizados. Los productores legales son considerados aliados en esta lucha, y con ellos se busca establecer un diálogo constructivo para enfrentar conjuntamente el narcotráfico.

Se destaca también un aumento en la eficiencia para producir cocaína, ya que el factor de conversión ha disminuido, lo que implica que con la misma cantidad de hoja de coca se obtiene más droga, elevando el potencial de producción. Esta situación hace aún más urgente contar con datos precisos para medir los avances en la lucha antidroga.

En cuanto a la operatividad del Viceministerio, se detectaron deficiencias en la logística, como la falta de combustible y repuestos para helicópteros, lo que dificulta las operaciones. Asimismo, se revisará el estado y funcionamiento de los radares para optimizar el control aéreo. La gestión actual enfrenta limitaciones en recursos, lo que impide una vigilancia constante en todo el territorio.

Se evaluarán los procedimientos relacionados con el transporte de combustibles y sustancias controladas, buscando eliminar trámites que se conviertan en obstáculos o espacios para la corrupción. El control debe ser eficiente, transparente y ágil, atendiendo cualquier denuncia que surja.

La coordinación entre las Fuerzas Armadas, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) y otras instituciones será fundamental, aunque la capacidad de control permanente es limitada sin una reducción significativa en la producción de cocaína. Por ello, la estrategia se centra en disminuir la oferta para evitar que continúen las operaciones ilícitas.

Finalmente, se envía un mensaje claro a las organizaciones criminales: se intensificarán los esfuerzos para que el país deje de ser un refugio cómodo para el narcotráfico, trabajando con honestidad, transparencia y cooperación internacional. A la población se le invita a sumarse a esta lucha colectiva, guiada por el diálogo y la apertura.

El compromiso en este nuevo periodo será intenso, con un ritmo de trabajo constante. La experiencia previa en este cargo aporta una base sólida, y el respaldo familiar contribuye a mantener el equilibrio necesario para cumplir con esta responsabilidad, siempre bajo los principios de honestidad y transparencia

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