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El arzobispo de Santa Cruz, monseñor René Leigue, expresó este domingo 18 de octubre de 2026 el rechazo de la Iglesia católica a la eutanasia y reafirmó la defensa del valor de la vida humana en todas sus etapas, durante su homilía dominical.

Su mensaje estuvo marcado por el debate que actualmente se desarrolla en la Asamblea Legislativa en torno a un proyecto de Ley de Cuidados Paliativos y Eutanasia, discusión que cobró mayor relevancia pública a raíz del caso de un joven con cáncer que enfrenta intensos dolores. En ese contexto, el prelado planteó la posición de la Iglesia frente al sufrimiento de los pacientes y la respuesta que, a su juicio, debe darse desde la sociedad y las instituciones.

Leigue sostuvo que la compasión auténtica no pasa por acelerar la muerte de una persona. “La verdadera compasión no consiste en provocar la muerte”, afirmó al exponer el criterio de la Iglesia, que propone el acompañamiento humano, espiritual y sanitario como camino frente al dolor y la enfermedad.

Durante la lectura del pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Boliviana, el arzobispo remarcó que la vida debe ser protegida desde la concepción hasta su etapa terminal. En esa línea, insistió en que el sufrimiento de los enfermos exige atención, cercanía y solidaridad, y no abandono. El mensaje difundido por la Iglesia resume esa postura al señalar que “la verdadera respuesta al sufrimiento es el amor, el acompañamiento y el cuidado, nunca el descarte de quien podría ser considerado una carga”.

El pronunciamiento también puso el foco en la necesidad de garantizar el acceso a los cuidados paliativos, entendidos como una alternativa destinada a aliviar el dolor físico y atender también las necesidades emocionales y espirituales de los pacientes y de sus familias. “Por eso hacemos un llamado a las autoridades públicas para que los cuidados paliativos sean accesibles a los que más lo necesiten”, expresa el texto leído por Leigue.

La Iglesia, además, manifestó su inquietud por las posibles consecuencias de una eventual legalización o normalización de la eutanasia. Según el mensaje, una medida de ese tipo podría derivar en presiones sobre personas enfermas, adultos mayores y otros grupos vulnerables. “Una sociedad se mide por cómo trata a sus miembros más débiles, no cómo se deshace de ellos”, sostiene el pronunciamiento.

Al cierre de su mensaje, la Iglesia exhortó a la población a acompañar a las familias que atraviesan situaciones de enfermedad terminal y reiteró que, aun cuando ya no sea posible la curación, el cuidado médico, humano y espiritual puede mantenerse hasta el final de la vida.

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Federico Enrique
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