Palmeiras volvió a sufrir más de la cuenta para meterse en la final de la Copa Libertadores, una clasificación que consiguió por segundo año consecutivo tras imponerse en la tanda de penaltis a un Fluminense que había ganado en São Paulo por 0-1 con un gol de Hércules en los últimos minutos, pero que terminó cediendo en el momento decisivo.
El equipo paulista, que llegaba con la ventaja del 1-2 obtenido en el Maracaná, jugó con fuego en su estadio para sellar su pase a una nueva final continental, en la que buscará su cuarto título de Libertadores el 28 de noviembre en Montevideo frente a Flamengo o Estudiantes de La Plata. La eliminatoria se resolvió desde los once metros con protagonismo para el portero Carlos Miguel, que detuvo el lanzamiento de Nonato, antes de que Marlon Freitas transformara el penal decisivo ante el veterano Fábio para cerrar el 5-3.
Para Abel Ferreira, el desenlace supone la cuarta final continental desde que asumió el banquillo de Palmeiras en noviembre de 2020. El técnico portugués ganó las dos primeras, en 2020 y 2021, y perdió la más reciente, en 2025, precisamente ante Flamengo, rival al que podría volver a enfrentarse este año. Su recorrido al frente del club sigue consolidándose como una rareza en el fútbol brasileño, donde la continuidad en los banquillos suele durar poco. Además, tras un 2025 sin títulos, el conjunto paulista mantiene viva la posibilidad de firmar un triplete histórico, ya que también continúa en la pelea por la Liga y la Copa de Brasil.
Fluminense, campeón de 2023, compitió en los dos partidos de la serie, pero acabó derrumbándose en la tanda. La eliminación dejó un final especialmente cruel para un equipo que había logrado forzar la prórroga emocional de la eliminatoria con un gol postrero, aunque sin recompensa final.
El partido de vuelta en el estadio de Palmeiras transcurrió durante largos tramos sin brillo ni urgencias. El conjunto local optó por un planteamiento conservador, casi al ralentí, en una primera mitad marcada por el respeto mutuo. Nadie quiso asumir demasiados riesgos y, en ese contexto, los dueños de casa apenas firmaron un disparo entre los tres palos.
Obligado por el marcador de la ida, Fluminense intentó dar un paso al frente. Guilherme Arana avisó a Carlos Miguel en el primer minuto y el guardameta de Palmeiras también tuvo que intervenir para bloquear a Savarino. Después de la pausa de hidratación, el equipo carioca buscó alternativas cambiando de banda a Canobbio y Savarino, aunque sin demasiado éxito. La mala noticia llegó además con la lesión del zaguero colombiano Julián Millán, un contratiempo que terminó por restarle aún más fuerza al intento de reacción.
En la segunda parte, el técnico Marco Aurélio de Oliveira, ‘Marcão’, movió el ataque con la salida de Savarino y la entrada de otro colombiano, Kevin Serna. En el lado local, la intensidad siguió siendo mínima, con la excepción de Jhon Arias, uno de los pocos que sostuvo el esfuerzo de su equipo durante todo el encuentro.
Con el paso de los minutos, el panorama se volvió cada vez más favorable para Palmeiras, que seguía sin apretar del todo. La llovizna terminó de acompañar un partido apagado, hasta que Fluminense, ya a falta de media hora, empezó a asomarse al borde del precipicio y dio un paso más en busca del empate global. Ferreira respondió con una decisión llamativa al retirar a ‘Flaco’ López, máximo goleador del equipo en la campaña, para dar entrada al paraguayo Ramón Sosa.
En la última pausa de hidratación, Marcão lanzó un mensaje que reflejó el estado anímico de su equipo. “Ya no hablamos de táctica, ahora es corazón, corazón; los tipos no quieren jugar, están con miedo”, dijo a sus futbolistas, según captaron los micrófonos a pie de campo.
La consigna encontró respuesta en la recta final. Natã, recién salido del banquillo, combinó con Hulk, avanzó y sirvió para Hércules, que no dudó en rematar desde la frontal del área, pegado al palo, para llevar la eliminatoria a los penaltis en el minuto 82. Fue un gol salvador que dio una última vida a los cari