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El Real Madrid volvió a firmar una de esas noches europeas que alimentan su leyenda. En Roma, donde el conjunto blanco llegó a verse 3-1 por debajo en el marcador, terminó imponiéndose con una remontada de las que dejan huella. El tanto de De Roon y el doblete de Malen habían colocado a la Roma en una posición inmejorable, pero Mbappé, Carlos Espí, Endrick y Rüdiger cambiaron por completo el desenlace para llevarse la victoria y los tres puntos en Champions.

El equipo blanco, sin embargo, volvió a mostrar una versión reconocible por sus carencias. Desde hace más de dos años arrastra el mismo problema: la ausencia de un centrocampista capaz de mover el balón con continuidad y criterio. Esa falta volvió a quedar expuesta en una noche en la que el Real Madrid apenas encontró recursos para construir juego. Los balones largos fueron su principal arma, aunque sin demasiada precisión ni orden. Ni la delantera ni la defensa ni el centro del campo lograron imponer su peso, con la única excepción de Courtois, que sostuvo al equipo en los peores momentos y evitó que el castigo fuera todavía mayor desde el arranque.

La Roma, por su parte, salió decidida a marcar el ritmo del encuentro. El equipo de Gian Piero Gasperini convirtió la primera parte en un asedio constante sobre la portería blanca, probando distintas vías de ataque ante un rival que se dejaba dominar. Courtois respondió desde el primer minuto con una parada al disparo de Soulè, una acción que anticipó el tono de la noche. Después llegaron los intentos de Hermoso y Dybala, en una secuencia de llegadas que mantuvo al Madrid bajo presión durante gran parte del primer tiempo.

El premio para los italianos llegó a través de De Roon, que encontró el gol con un potente disparo desde la frontal. El tanto parecía consolidar el control local, pero la reacción del Real Madrid fue inmediata. Mbappé respondió con otro zambombazo para devolver el empate al marcador y frenar el impulso romano. A partir de ahí, el partido entró en una fase de tensión constante, con los blancos intentando ordenar su juego y la Roma cerrando cualquier espacio para que el duelo no se descontrolara antes del descanso.

Tras el paso por vestuarios, el guion volvió a favorecer a los locales. La Roma recuperó sensaciones y encontró en Malen a su gran protagonista, con un doblete en apenas 15 minutos que parecía encaminar definitivamente el choque. El 3-1 reforzaba la sensación de que los italianos tenían el encuentro bajo control, pero el Real Madrid, fiel a su historia en Champions, no estaba dispuesto a rendirse.

La reacción llegó desde el banquillo. Carlos Espí y Endrick cambiaron el partido con dos acciones decisivas. El español recortó distancias con un remate de delantero puro, aprovechando un rechace dentro del área, y poco después el brasileño devolvió el empate con un cabezazo que reabrió por completo la eliminatoria. Cuando el encuentro ya se acercaba al descuento, apareció Rüdiger para culminar la remontada y desatar la celebración blanca.

El pitido final confirmó una victoria de enorme valor para el Real Madrid, que sobrevivió a una noche de sufrimiento en la ciudad eterna y terminó saliendo reforzado de un partido que parecía perdido. Roma volvió a ser escenario de una noche grande, aunque esta vez la épica quedó del lado blanco.

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Federico Enrique
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