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La Asamblea General de la ONU abre este martes en Nueva York en un contexto internacional atravesado por conflictos armados, tensiones geopolíticas, la crisis climática y los desafíos que plantea el avance de la inteligencia artificial. La cita, que se extenderá hasta el 28 de septiembre en la sede de Naciones Unidas, reunirá a cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno, además de ministros y otros representantes, en el debate general de la 81ª sesión.

Entre los participantes estará el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, quien viajó a Estados Unidos el fin de semana acompañado por el ministro de la Presidencia, Fernando Aramayo, y el canciller Héctor Huanca. La Cancillería anticipó que el mandatario boliviano intervendrá en la Asamblea el jueves 24 de septiembre.

Antes de su participación en el debate general, Paz cumplió una agenda previa en territorio estadounidense. El lunes sostuvo una reunión con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, centrada en las relaciones bilaterales, y también asistió a un acto en el que tocó la campana de apertura de la Bolsa de Nueva York.

Rubio difundió en sus redes sociales una imagen junto al presidente boliviano y acompañó la publicación con un mensaje en el que destacó la importancia de la relación con Bolivia para el apoyo del Fondo Monetario Internacional. “Reunión productiva con el presidente boliviano @Rodrigo_PazP en la Asamblea General de las @UN. Nuestra relación crítica con Bolivia es fundamental para los planes de Bolivia en cuanto al apoyo del Fondo Monetario Internacional, y la reforma de sus sectores de combustibles, minería y energía”, escribió.

La atención internacional también estará puesta en el discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien volverá a tomar la palabra ante una institución a la que ha criticado de forma reiterada por considerar que no logra resolver los conflictos del mundo. Su intervención llega en un momento en que enfrenta su propia dificultad para salir del conflicto que lanzó junto a Israel a finales de febrero contra Teherán, una guerra que muestra señales de posible agravamiento y que ya afecta la circulación de petróleo y gas, con impacto en la economía mundial.

La última vez que habló ante la Asamblea General, Trump lanzó un ataque frontal contra Naciones Unidas y acusó al organismo de inacción, mientras se atribuyó haber puesto fin a siete guerras en pocos meses. En aquella ocasión también criticó la política migratoria de los países europeos y renovó su negacionismo sobre el cambio climático, al que calificó como “la mayor estafa” de la historia, indignado además por una falla en la escalera mecánica de la sede de la ONU en Nueva York.

Esta vez, el mandatario estadounidense llega a la tribuna en medio de dificultades internas de cara a las elecciones de mitad de mandato, con una impopularidad en aumento alimentada en gran parte por el incremento del costo de la vida. Aun así, no dejará pasar la oportunidad de celebrar el acuerdo recién firmado con Dinamarca sobre el futuro de Groenlandia, que tendrá una ceremonia oficial en Nueva York, luego de la crisis que provocó su amenaza de anexionar a Estados Unidos el territorio autónomo danés.

Trump también prevé referirse a Venezuela antes de su encuentro con la presidenta interina Delcy Rodríguez, en un escenario de fuerte presión estadounidense desde la captura de Nicolás Maduro por parte de Washington en enero. En ese marco, analistas citados por AFP anticipan un contraste entre el mensaje del republicano, que buscará exhibir su balance como promotor de la paz, y la defensa de las operaciones militares que mantiene en distintos puntos del mundo.

Durante la jornada, además, está previsto que se reúna con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, en un momento en que la guerra con Rusia se ha intensificado en los últimos meses. El propio Trump ha descrito recientemente ese conflicto como una “guerra ridícula y sin fin” que “debe detenerse”.

La Asamblea también tendrá como uno de sus momentos centrales el último discurso del secretario general de la ONU, António Guterres, cuyo segundo mandato concluye en diciembre. Paradójicamente, el diagnóstico del portugués sobre la incapacidad del organismo para resolver los grandes conflictos coincide con el tono crítico que ha marcado sus últimas declaraciones. Sobre Ucrania y Oriente Medio, Guterres hizo un balance sombrío y sostuvo que “cada día las cosas empeoran un poco”, al insistir en que “no hay ninguna mejora en ninguna parte” y al llegar incluso a afirmar que no tenía “ningún poder”.

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Federico Enrique
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