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Desde Nueva Delhi, Sissi Áñez vio dos cumbres al mismo tiempo. Una se desarrollaba dentro del Bharat Mandapam, donde Narendra Modi recibió durante el fin de semana a Vladimir Putin, Xi Jinping y a los representantes del BRICS ampliado. La otra ocurría fuera del escenario principal, entre salas de prensa, acreditaciones y corredores llenos de periodistas de distintos países que intentaban entender y narrar un bloque que ya reúne a 11 miembros plenos y diez países socios.

Áñez, periodista del Grupo EL DEBER, llegó a India como parte de un programa de familiarización para medios internacionales. Desde allí, dice, le llamó la atención no solo la magnitud del encuentro, sino también la diversidad de miradas con las que se cubría la cumbre. “Me impresionó ver la presencia de periodistas de tantos países y cómo cada uno llega con una mirada diferente, con una agenda y una forma distinta de mirar y contar esa misma realidad”, relata.

En las salas de prensa identificó colegas de India, China, Rusia, Brasil, Sudáfrica, Indonesia, Kazajistán, Arabia Saudita y Egipto, entre otros países. Pero hubo un elemento que destacó por encima de los demás: la presencia y el peso de los medios oficiales, especialmente los de China y Rusia. Según cuenta, esos equipos tenían acceso a espacios donde se desarrollaba la reunión para obtener fotografías y cobertura directa.

“Los medios oficiales informan, pero obviamente también ayudan a proyectar las posiciones de sus gobiernos, sus prioridades y la forma de interpretar el mundo”, señala.

La observación cobra especial relevancia en una cumbre en la que la imagen también formó parte de la disputa por influencia. India desplegó durante su presidencia de los BRICS más de 400 reuniones y actividades en unas 30 ciudades y aprovechó el encuentro de Nueva Delhi para presentar al bloque como una plataforma del denominado Sur Global. La declaración final volvió a pedir mayor representación de los países en desarrollo en las instituciones internacionales y alentó una participación creciente de los países socios.

Bolivia estuvo dentro de esa segunda corona del BRICS ampliado, aunque con un perfil político bajo. El país no figura como observador, sino como uno de los diez países socios junto con Bielorrusia, Cuba, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Uganda, Uzbekistán y Vietnam. Esa categoría le permite incorporarse a distintos mecanismos y reuniones del bloque sin adquirir la condición de miembro pleno.

La diferencia, sin embargo, estuvo en el nivel de las delegaciones. Kazajistán asistió con su presidente; Malasia y Vietnam, con sus primeros ministros; Nigeria y Uganda, con sus vicepresidentes; mientras que Cuba y Bielorrusia enviaron a sus cancilleres. Bolivia, en cambio, estuvo representada por Arlette Gabriela Bustamante García, encargada de Negocios de la Embajada en Nueva Delhi.

Días antes, el embajador de India en Bolivia, Rohit Vadhwana, había señalado que Nueva Delhi esperaba la presencia del presidente Rodrigo Paz o, en su defecto, de un ministro de alto nivel. Eso finalmente no ocurrió.

Áñez cuenta que la Embajada boliviana gestionó para ella una acreditación “all access”, pero que al final no pudo usarla para ingresar a algunos de los espacios reservados alrededor de los mandatarios, precisamente porque Bolivia no contaba con una delegación política de alto nivel.

“De Bolivia solamente estamos Myriam Claros, de Bolivisión, y yo. Entonces eso también nos da una responsabilidad mayor de estar aquí, mirar y saber contar lo que está pasando”, afirma.

Su experiencia no se limitó al recinto de la cumbre. India organizó visitas de familiarización para periodistas de Bolivia, Brasil y otros países de Asia con el objetivo de mostrar su cultura, sus instituciones y sus capacidades.

La agenda, explica, fue intensa. Pero para conocer otra cara del país fue necesario apartarse por momentos del itinerario oficial. “Para ir a conocer la parte que ellos no quieren que nosotros conozcamos hemos tenido que desmarcarnos un poco de la agenda oficial para conocer la vieja Delhi, que es el rostro de la pobreza que tiene este país”, relata.

En ese contraste, dice, aparece una de las contradicciones que más le dejó su paso por Nueva Delhi: la de una nación capaz de organizar una cumbre con algunos de los dirigentes más poderosos del planeta y que busca consolidarse como uno de los centros políticos, tecnológicos y económicos del nuevo orden internacional, pero que todavía enfrenta profundas desigualdades internas.

“El gran desafío de India es poder superar estos niveles

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Federico Enrique
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