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Más de 158 millones de brasileños están llamados este domingo a las urnas en una elección que trasciende la disputa por la presidencia y que puede alterar el equilibrio político de América Latina en un momento de creciente presión de Washington sobre la región. En juego no está solo la continuidad de Luiz Inácio Lula da Silva o el ascenso del ultraderechista Flávio Bolsonaro, sino también el papel que Brasil seguirá ocupando en el tablero geopolítico latinoamericano durante el tramo final del mandato de Donald Trump en Estados Unidos.

La importancia de estos comicios va mucho más allá del rumbo interno del país. Brasil, por peso económico, territorial y político, se ha convertido en una pieza central dentro de la estrategia regional de Trump y en uno de los escenarios más codiciados de su agenda para el continente. El resultado de la votación terminará de perfilar el mapa político de Latinoamérica en un contexto en el que buena parte de la región ha girado hacia la derecha, mientras Brasil se mantuvo en los últimos cuatro años como el principal bastión del progresismo sudamericano. Al menos, hasta ahora.

Frente a los embates de Trump, Lula endureció su mensaje soberanista y llevó al centro de la campaña la defensa de la autonomía brasileña frente a cualquier injerencia externa. En su más reciente intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el mandatario afirmó que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, una frase con la que reforzó su discurso de orgullo nacional y rechazo a las presiones extranjeras. Fue, además, su décima participación en ese foro frente a los jefes de Estado.

Un día después, Bolsonaro respondió con una promesa de alineamiento con Washington: aseguró que, si gana, sumará a Brasil al Escudo de las Américas, la iniciativa de seguridad impulsada por Estados Unidos y a la que ya se han adherido varios dirigentes latinoamericanos, entre ellos el argentino Javier Milei, el paraguayo Santiago Peña y el chileno José Antonio Kast.

La campaña ha estado marcada por una polarización extrema y por el peso de los escándalos, en detrimento de las propuestas. Lula, que busca un cuarto mandato no consecutivo a los 80 años, encarna la experiencia de una larga trayectoria política. Bolsonaro, en cambio, fue presentado por su padre como heredero político tras la condena por golpe de Estado, en un intento por mantener vivo el apellido en la contienda nacional. El propio Lula ha insistido en restarle entidad como adversario. Este jueves, en una entrevista, afirmó que Bolsonaro hijo “no tiene pasado, no tiene presente y no tiene futuro”.

A lo largo de la campaña, el debate quedó sepultado por noticias falsas, insultos, maniobras políticas y denuncias de corrupción. El caso que más impacto generó fue el del Banco Master, señalado como el mayor fraude financiero del país. Su dueño, Daniel Vorcaro, habría tejido una red de influencias en los tres poderes del Estado y en ambos lados de la grieta política. Bolsonaro resultó especialmente golpeado por haberle pedido a Vorcaro, a quien inicialmente dijo no conocer, unos 12 millones de dólares, supuestamente destinados a financiar una película biográfica sobre su padre.

Lula no quedó personalmente salpicado por ese episodio, pero sí sufrió el impacto público de la cercanía entre el banquero y el magistrado Alexandre de Moraes, uno de sus aliados y figura clave en la condena a 27 años de cárcel de Jair Bolsonaro por el intento de golpe de Estado.

La recta final de la campaña estuvo dominada por una disputa cerrada en la que las encuestas no lograron despegar del empate técnico. También se mantiene igualada la tasa de rechazo, que en algunos sondeos supera el 50 %, dejando a ambos candidatos con un margen muy reducido para crecer a costa del otro. Ese escenario terminó por neutralizar a las llamadas terceras vías, como el psiquiatra y escritor Augusto Cury, que a finales de agosto llegó al 11 % en una encuesta, o el ultraderechista contestatario Renan Santos.

Ante ese panorama, tanto Lula como Bolsonaro terminaron recurriendo a una estrategia similar en sus últimas apariciones públicas: apelar al voto útil. Flávio Bolsonaro centró su mensaje en captar apoyos de otras fuerzas y llamó a emitir un voto “inteligente”, al sostener que es el único capaz de derrotar a Lula en las urnas. El presidente, por su parte, orientó sus discursos a reducir la abstención, históricamente

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Federico Enrique
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