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El episodio vivido este lunes en el tramo final del partido de Segunda División entre el Tenerife y el FC Andorra, cuando Jesús de Miguel chocó de manera fortuita con el guardameta visitante, Jesús Owono, en una pugna por un balón dividido, volvió a poner el foco en una realidad poco habitual pero especialmente dramática: la de los futbolistas que han perdido la vida en el campo tras un golpe o una acción de juego. De Miguel recibió un fuerte impacto en el pecho y, a continuación, entró en parada cardiorrespiratoria.

Aunque la mayoría de las tragedias ocurridas sobre el césped no se deben a un choque violento, sino a muerte súbita, arritmias o cardiopatías no detectadas, la historia del fútbol también recoge casos de jugadores fallecidos después de un encontronazo, una entrada o un golpe fortuito durante un partido.

Uno de los precedentes más recordados es el de José Antonio Gallardo, portero del CD Málaga, que el 21 de diciembre de 1986 sufrió un choque con el delantero brasileño del Celta Baltazar. A consecuencia del impacto, padeció una triple fractura del parietal derecho y permaneció tres días ingresado en un hospital de Vigo. Fue dado de alta al no apreciarse lesiones graves, pero el 7 de enero de 1987 sufrió una hemorragia cerebral en su domicilio, entró en coma y murió el día 15.

También figura el caso de Serhiy Vladimirovich Perkhun, guardameta internacional ucraniano del CSKA, que falleció el 28 de agosto de 2001, con 23 años, tras un fuerte choque cabeza con cabeza con Budun Budunov, del Anzhi Makhachkala. Fue trasladado al hospital y recibió el alta, pero poco después tuvo que volver a ser ingresado, entró en coma y terminó perdiendo la vida.

En 2008 murió Hrvoje Custic, futbolista del Zadar, de la Primera División croata, después de golpearse la cabeza contra una pared de hormigón situada cerca de la línea de banda durante un partido del campeonato nacional. Custic disputaba un balón ante el Cibalia Vinkovci cuando fue objeto de una falta que lo hizo avanzar dos o tres pasos en dirección a la pared, contra la que acabó impactando. Sufrió una fractura craneal y falleció el 3 de abril.

Otro caso que conmocionó al fútbol fue el del portero indonesio Choirul Huda, de Persela Lamongan, que murió en agosto de 2017 tras chocar con el defensa brasileño Ramón Rodrigues, del Semen Padang. Llegó al hospital en estado crítico y falleció a causa de un paro cardíaco. Su muerte fue la tercera de un futbolista en Indonesia en circunstancias similares en ocho años, después de los fallecimientos del delantero Jumadi Abdi, del Persiba Balikpapan, en 2009, y del portero Akli Fairuz, del Persiraja Banda Aceh, en 2014. Este último perdió la vida tras recibir una violenta patada en el abdomen durante un partido. Fue operado por lesiones internas y daños en la vejiga.

Más reciente en la relación de tragedias aparece Sofiane Loukar, futbolista del MC Saïda, de la segunda división de Argelia, que falleció en pleno partido contra el ASM Orán tras recibir un golpe en la cabeza en diciembre de 2025. Murió por un traumatismo craneal después de caer sobre el césped del estadio Habib Bouakeul de Orán y golpearse la cabeza mientras disputaba un balón aéreo con un rival. Aunque recibió las primeras asistencias y volvió al campo, se desplomó diez minutos después y ya no logró levantarse.

La otra gran cara de estas tragedias en el fútbol es la de las muertes por problemas cardíacos en jugadores en activo, mucho más frecuentes que las derivadas de un choque. En España, los aficionados del Sevilla y del Espanyol siguen recordando en cada partido en sus estadios a Antonio Puerta y Dani Jarque, fallecidos por dolencias del corazón.

Puerta murió el 28 de agosto de 2007, a los 22 años, tres días después de desvanecerse sobre el terreno de juego del Sánchez Pizjuán durante un encuentro entre su equipo y el Getafe. Dos años más tarde, el 8 de agosto de 2009, falleció Dani Jarque, entonces

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