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El encuentro entre Rodrigo Paz y José Antonio Kast previsto para este viernes en La Paz no surgió de manera improvisada. Detrás de esa cita hay una secuencia de acercamientos que tuvo uno de sus momentos más simbólicos el 23 de abril, cuando los cancilleres Francisco Pérez Mackenna y Fernando Aramayo coincidieron en el paso Chungará-Tambo Quemado y continuaron juntos viaje hacia la sede de gobierno boliviana por la carretera que une a Bolivia con Arica.

“No fue un viaje cualquiera. Fueron siete u ocho horas recorriendo territorio, identificando oportunidades, pero también problemas”, relató Pérez Mackenna a EL DEBER, en Santa Cruz. En esa misma conversación, el canciller describió la relación bilateral como “histórica, extremadamente buena, basada en la confianza”.

La visita de Kast este viernes 16 de octubre quedará registrada además como la primera visita bilateral de Estado de un presidente chileno desde 1955, un dato que por sí solo da cuenta del peso político y simbólico del momento.

La relación entre ambos países, sin embargo, ha transitado por etapas de cooperación y ruptura durante décadas. En 1950, los gobiernos de Mamerto Urriolagoitia y Gabriel González Videla intercambiaron notas con la intención de explorar una salida soberana boliviana al Pacífico, en un proceso que también involucró el uso de aguas del Titicaca. Aquellas gestiones no prosperaron.

Cinco años después, en enero de 1955, Víctor Paz Estenssoro visitó Arica y suscribió con Carlos Ibáñez del Campo un Tratado de Complementación Económica. Más adelante, en agosto, el presidente chileno devolvió la visita en La Paz. Ese clima de cooperación permitió impulsar el oleoducto Sica Sica-Arica, cuya construcción comenzó en 1958 y que entró en operación en 1961 para exportar petróleo boliviano. Hoy, esa misma infraestructura aparece en la agenda con un sentido inverso: servir para importar carburantes.

La distensión no duró demasiado. En abril de 1962, Bolivia rompió relaciones diplomáticas con Chile por el aprovechamiento chileno de las aguas del río Lauca, un episodio que volvió a tensar una relación ya marcada por la desconfianza histórica.

Otro momento clave llegó el 8 de febrero de 1975, cuando Hugo Banzer y Augusto Pinochet protagonizaron el llamado Abrazo de Charaña. En esa ocasión restablecieron las relaciones a nivel de embajadores y abrieron una negociación para una salida soberana al mar mediante un corredor al norte de Arica, a cambio de territorio. La propuesta dependía del consentimiento peruano y no avanzó. Tres años más tarde, en marzo de 1978, Bolivia volvió a romper las relaciones diplomáticas. Desde entonces, ambos países mantienen representación consular, pero no embajadores.

En 2000, Hugo Banzer y Ricardo Lagos ensayaron una nueva aproximación con acuerdos económicos y energéticos. La posibilidad de exportar gas por puertos chilenos terminó alimentando las protestas de octubre de 2003, que desembocaron en la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada.

La agenda bilateral volvió a reactivarse con mayor amplitud en 2006, cuando Evo Morales y Michelle Bachelet acordaron una agenda de 13 puntos que incluyó fronteras, comercio, agua y la cuestión marítima como sexto punto. Años más tarde, en 2013, Bolivia presentó una demanda contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia para que se reconociera una obligación de negociar una salida soberana al Pacífico. El 1 de octubre de 2018, la CIJ resolvió que Chile no estaba jurídicamente obligado a hacerlo, aunque dejó claro que ese fallo no impedía que ambos países continuaran dialogando. En diciembre de 2022, el mismo tribunal resolvió los aspectos centrales del litigio por las aguas del Silala.

En ese contexto, en 2020 surgieron propuestas de especialistas como Sergio Bitar, Gabriel Gaspar y Loreto Correa, reunidas en el documento Chile-Bolivia: propuesta para una relación de futuro, que planteó infraestructura, comercio y diálogo. “El objetivo es construir una relación estable y duradera que no tiene que ver con un gobierno de turno, sino una relación entre Estados”, sostuvo Gaspar. Un año después, en 2021, las cancillerías de ambos países acordaron una hoja de ruta que sigue en ejecución.

Con Paz y Kast en el poder, ese acercamiento tomó

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Federico Enrique
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