La producción de yuca a nivel mundial ha alcanzado cifras impresionantes, llegando a cerca de 342 millones de toneladas en 2024, un crecimiento que involucra la participación de 97 países. Este dato proviene de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que destaca la importancia de este tubérculo en el panorama agrícola global. En este contexto, Bolivia se destaca como el sexto mayor productor de yuca en Sudamérica, subrayando su relevancia en el sector agrícola regional.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) de Bolivia reportó que la producción nacional durante el mismo periodo superó las 213 toneladas, lo que reafirma la yuca como un cultivo significativo dentro del ámbito agrícola del país. Sin embargo, a pesar de esta producción considerable, existe un amplio margen para el crecimiento y desarrollo del sector, lo que podría potencialmente aumentar su impacto económico.
La versatilidad de la yuca se manifiesta no solo en su uso dentro de la industria alimentaria, donde se ha vuelto popular en productos funcionales y libres de gluten, sino también en una variedad de aplicaciones industriales. De acuerdo con los datos proporcionados por la FAO, los 97 países involucrados en su cosecha han expandido las posibilidades del tubérculo más allá de los límites alimentarios tradicionales.
Entre las aplicaciones más destacadas se encuentran la producción de bioproductos y su utilización como insumos en la industria farmacéutica y dermatológica. Además, su incorporación en productos cosméticos revela una creciente demanda por materias primas naturales y sostenibles. Esta diversificación no solo es beneficiosa para el mercado interno boliviano, sino que también abre puertas a oportunidades internacionales donde se valoran estas características.
El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) ha indicado que dentro del sector dedicado a hortalizas y tubérculos alimenticios, las exportaciones bolivianas están dominadas por los frijoles, que representan aproximadamente el 92% del total; seguidos por las habas con un 6%, mientras que la participación de la yuca es mínima, con un 1%. A pesar de esto, las exportaciones bolivianas de yuca han mostrado un crecimiento notable, alcanzando un valor superior a los 86 mil dólares en 2025, lo que equivale a unas 99 toneladas. Este volumen fue dirigido principalmente al mercado estadounidense desde el Departamento de Santa Cruz, marcando así un hito importante para este cultivo en el ámbito internacional.
La situación actual del cultivo de yuca en Bolivia no solo refleja su potencial como fuente alimentaria sino también como un recurso valioso para diversas industrias. Con una estrategia adecuada para incrementar su producción y diversificar sus usos, Bolivia podría mejorar significativamente su posición en el mercado global.
