En un encuentro de alta tensión y crucial para sus aspiraciones mundialistas, la selección boliviana de fútbol consiguió una victoria fundamental sobre Brasil, manteniendo viva la esperanza de clasificar a la Copa del Mundo de 2026. El desafío era formidable, enfrentando a un equipo ya clasificado y pentacampeón, dirigido por un estratega europeo de renombre. Sin embargo, el conjunto local exhibió una determinación inquebrantable para asegurar el triunfo.
El único tanto del partido llegó en el tiempo añadido de la primera mitad, cuando Miguelito Terceros convirtió un penal al minuto 45+3. La infracción, cometida por Bruno Guimarães sobre Roberto Carlos Fernández, fue confirmada tras la revisión del VAR por el árbitro chileno Cristian Garay.
Desde el silbato inicial, el equipo boliviano jugó con una intensidad palpable, consciente de la trascendencia del resultado y con la atención puesta también en el desenlace del partido entre Colombia y Venezuela. La victoria colombiana por 6-3 sobre los llaneros en Maturín resultó ser un factor favorable para las aspiraciones bolivianas.
La dirección técnica brasileña, a cargo de Carlo Ancelotti, adoptó una postura cautelosa. La estrategia conservadora implementada por el entrenador europeo parecía influenciada por las consideraciones sobre la altitud de El Alto, donde se disputó el encuentro.
Por su parte, el estratega boliviano, Óscar Villegas, desplegó su mejor once, priorizando a jugadores aclimatados a las condiciones del estadio alteño. La juventud y el dinamismo resultaron determinantes: Moisés Paniagua se destacó por su incansable recorrido, desgastando la defensa visitante; Terceros generó peligro constante con sus arranques y regates por la banda derecha; y Enzo Monteiro realizó una efectiva labor de pivoteo por el centro y la izquierda. En la retaguardia, Carlos Lampe ofreció seguridad bajo los tres palos, con una intervención notable al despejar un potente remate de Luis Enrique al minuto 39. Otros jugadores como Haquin, Robson, Roberto Carlos Fernández y Monteiro también contribuyeron a generar oportunidades frente al arco defendido por Alisson.
Tras el gol de la ilusión, la segunda mitad vio a Ancelotti realizar cuatro sustituciones simultáneas, introduciendo a figuras como Marquinhos del PSG, Raphinha del Barcelona, Estêvão y João Pedro del Chelsea. Estos cambios inyectaron algo de frescura al ataque brasileño, pero no fueron suficientes para alterar el marcador. Alisson, el portero brasileño, continuó siendo una figura clave, negando un segundo gol a Bolivia con una atajada excepcional a un cabezazo de Carmelo Algarañaz al minuto 86, luego de haber contenido un disparo lejano de Robson Matheus al minuto 70.
A pesar de la presión final de Brasil, que intensificó sus ataques en los últimos minutos, la defensa boliviana resistió con firmeza. El pitazo final desató una explosión de júbilo en el campo, con jugadores y cuerpo técnico fundiéndose en abrazos y lágrimas de emoción. Este resultado posiciona a Bolivia en la antesala de un hexagonal intercontinental, un paso crucial para regresar a una Copa del Mundo después de 32 años.
El repechaje se definirá en un torneo hexagonal que se disputará en marzo de 2026 en México. En esta instancia participarán otras cinco selecciones: una de África, una de Asia, una de Oceanía y dos de la Concacaf, donde los dos primeros clasificados obtendrán su boleto directo al Mundial
