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Luiz Inácio Lula da Silva logró este domingo un cuarto mandato al imponerse en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, en una remontada inesperada frente a Flávio Bolsonaro, hijo y heredero político del expresidente Jair Bolsonaro, quien ya anunció que impugnará el resultado.

El histórico dirigente del Partido de los Trabajadores obtuvo el 51,79 % de los votos, frente al 48,21 % de su rival de extrema derecha. La diferencia superó los cuatro millones de sufragios, con 64,2 millones para Lula y 59,8 millones para Bolsonaro, un desenlace que sorprendió incluso por la magnitud del giro respecto de la primera vuelta, celebrada el pasado 4 de octubre, cuando Bolsonaro había quedado en primer lugar y con una ventaja de dos puntos.

Aquella distancia parecía difícil de revertir, tanto por el peso de los sondeos como por el clima político que dejaba la contundente victoria de la derecha en las elecciones legislativas. Las encuestas habían dibujado un escenario de empate técnico y nunca colocaron a Lula por delante en las previsiones para la segunda vuelta, mucho menos con una ventaja final cercana a los cuatro puntos, superior incluso a la que el mandatario obtuvo frente a Jair Bolsonaro hace cuatro años.

En su discurso tras conocerse la victoria, Lula presentó el resultado como un triunfo frente a “la mentira y el negacionismo”. Con la voz quebrada después de una campaña intensa, agradeció a los jóvenes por salir a las calles “para defender la democracia” y también a las personas mayores por acudir a votar, lo que ayudó a reducir la elevada abstención registrada en la primera vuelta.

El presidente reelecto había planteado esta segunda vuelta como una confrontación entre un proyecto democrático y la amenaza autoritaria que, a su juicio, representa la familia Bolsonaro. En ese marco, también enmarcó la campaña como una elección entre la defensa de la patria y una claudicación ante la influencia del presidente estadounidense, Donald Trump. “No acepta ser el patio trasero de nadie”, afirmó sobre Brasil, al sostener que el país quiere ocupar un lugar “central” y no “periférico” en las discusiones globales.

La reacción de Bolsonaro fue inmediata. Tras conocerse el resultado, se negó a reconocer la victoria de Lula y adelantó que pedirá la anulación de las elecciones ante la Justicia. Su argumento se centra en la decisión judicial que extendió dos horas el horario de votación en todo el país, una medida adoptada a raíz de una demanda presentada por la campaña de Lula.

El Partido de los Trabajadores denunció que en varias ciudades controladas por la derecha no se habían habilitado suficientes autobuses gratuitos para trasladar a los votantes, tal como exigía la Justicia, lo que habría perjudicado sobre todo a los sectores más pobres, tradicionalmente más inclinados a votar a la izquierda. La extensión del horario fue dispuesta por el magistrado del Tribunal Supremo Cristiano Zanin, exabogado de Lula, y se anunció un minuto después del cierre previsto de los colegios electorales.

Esa decisión generó confusión, porque un número importante de mesas no recibió la orden a tiempo y cerró a la hora habitual. El presidente del Tribunal Superior Electoral, Kassio Nunes Marques, señaló que el retraso provocó “dificultades técnicas, operativas y de seguridad” durante la jornada.

Bolsonaro calificó lo ocurrido como “inaceptable” y como una “total violación al derecho de igualdad de los brasileños”. En la misma línea, Flávio Bolsonaro afirmó ante la prensa en Brasilia que resulta “inexplicable” que “la regla del juego se haya cambiado nuevamente por los amigos de Lula en el Tribunal Supremo”.

Pese a las quejas del bolsonarismo, los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado, Hugo Motta y Davi Alcolumbre, ambos aliados de Lula, reconocieron la victoria del mandatario.

La confirmación del resultado desató escenas de euforia en distintas ciudades del país. La celebración más multitudinaria se produjo en São Paulo, donde decenas de miles de personas se reunieron en la Avenida Paulista, hasta donde acudió el presidente reelecto para agradecer el respaldo de sus seguidores al grito de “¡dictadura nunca más!”.

La movilización en la capital económica del país fue incluso mayor que la que acompañó la victoria de Lula frente a Jair Bolsonaro hace cuatro años y se asemejó al mitin masivo con el que la izquierda cerró campaña este sábado.

A punto de cumplir 81 años

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Federico Enrique
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