En Chacaltaya, a 5.200 metros sobre el nivel del mar y muy cerca de la cumbre del nevado, ocurrió hace casi 80 años un hallazgo que cambió la historia de la ciencia. Allí se descubrió el mesón pi, también llamado pión, una partícula subatómica clave para entender cómo se mantiene unido el núcleo del átomo. Ese avance no solo fue decisivo para explicar la unión entre protones y neutrones, sino que además abrió el camino al desarrollo de la física de partículas.
Desde el Laboratorio de Física Cósmica de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), el director del Instituto de Investigaciones Físicas, Martín Alfonso Subieta Vásquez, recordó la importancia de ese episodio científico y lo definió como un hito en el conocimiento humano sobre la naturaleza nuclear de la materia. Según explicó, ese descubrimiento terminó por abrir las puertas al estudio de la física de partículas.
Chacaltaya, ubicada en la provincia Pedro Domingo Murillo del departamento de La Paz y vecina del Huayna Potosí, forma parte de la Cordillera de los Andes. Con una altura de 5.421 metros sobre el nivel del mar, durante años fue también un destino turístico muy visitado por nacionales y extranjeros que llegaban para esquiar. Sin embargo, el calentamiento global fue haciendo desaparecer la nieve de este glaciar de 18 mil años, un cambio visible en el paisaje que hoy rodea a la montaña.
Aunque la nieve ya no está, el valor histórico de Chacaltaya sigue intacto en el Laboratorio de Física Cósmica, fundado el 9 de enero de 1952. Con 74 años de trayectoria, este espacio es considerado el laboratorio de partículas más alto del mundo y también un observatorio astrofísico dedicado al estudio de rayos cósmicos primarios y secundarios. Además, forma parte de una red mundial de observación en altura del cambio climático.
La relevancia del descubrimiento del pión se entiende mejor al revisar una pregunta que durante décadas inquietó a la ciencia: qué mantenía unidos a los protones y neutrones dentro del núcleo atómico. Toda la materia que existe en el planeta, desde los seres vivos hasta el aire o las rocas, está compuesta por átomos, y cada átomo tiene un núcleo formado por esas partículas. Sin embargo, hasta la primera mitad del siglo pasado no se comprendía bien cómo funcionaba esa unión.
Fue entonces cuando el físico japonés Hideki Yukawa, nacido en 1907 y fallecido en 1981, planteó la existencia de una partícula responsable de mantener cohesionados al protón y al neutrón. Su propuesta, sin embargo, necesitaba una confirmación experimental.
Esa evidencia llegó años después gracias al trabajo del científico brasileño César Lattes, quien colaboraba con el grupo del británico Cecil Powell. Lattes llevó detectores hasta Chacaltaya con el apoyo del científico español Ismael Escobar, que ya realizaba observaciones meteorológicas en el lugar. Los resultados obtenidos en la montaña boliviana fueron decisivos: mientras en una zona montañosa de los Pirineos, en Francia, apenas se habían registrado dos eventos, en Chacaltaya se detectaron 30.
Aquellas observaciones permitieron confirmar la existencia del mesón pi, hoy conocido como pión. Los resultados fueron publicados en 1947 en la revista científica Nature, en el Reino Unido, y marcaron un punto de inflexión en la física moderna.
Subieta explicó que esta partícula subatómica cumple una función esencial a escala nuclear, porque permite que protones y neutrones permanezcan cohesionados dentro del núcleo. Gracias a ese mecanismo, dijo, la materia puede existir como estructura y dar paso a formas más complejas, incluida la vida.
La altura de Chacaltaya fue determinante para lograr esa verificación. A más de 5.200 metros sobre el nivel del mar, los científicos encontraron en aquel glaciar un verdadero laboratorio natural, ideal para estudiar el fenómeno con las condiciones necesarias.
El impacto de ese trabajo trascendió rápidamente. Hideki Yukawa recibió el Premio Nobel de Física en 1949 por su predicción teórica de los mesones, mientras que Cecil Powell obtuvo el galardón en 1950 por el desarrollo del método fotográfico para estudiar procesos nucleares y por los descubrimientos realizados con esa técnica.
Dos años después, en 1952, la UMSA consolidó en Chacaltaya su Laboratorio de Física Cósmica, que con el tiempo sería reconocido