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El contrabando hormiga de garrafas de Gas Licuado de Petróleo (GLP) se ha convertido en uno de los problemas detectados por las autoridades en medio de las dificultades de abastecimiento que atraviesa el país. El viceministro de Lucha contra el Contrabando, José Castro, advirtió que parte del producto destinado al consumo interno estaría siendo desviado hacia Perú a través de rutas lacustres en el lago Titicaca.

Según explicó la autoridad, existen comunidades que reciben el gas bajo el argumento de cubrir necesidades domésticas, pero luego las garrafas no serían utilizadas para la cocina. En su denuncia, señaló que el producto se concentra, se acumula y finalmente es trasladado por vía lacustre hacia territorio peruano.

Castro sostuvo que este mecanismo forma parte de las modalidades de contrabando que buscan ser frenadas mediante un mayor control sobre la distribución y sobre el destino final del GLP. En ese sentido, remarcó que el problema no se limita al traslado individual de una garrafa, sino también a la concentración de varias unidades que inicialmente fueron entregadas para el consumo interno.

El viceministro apuntó además que la actividad comercial y la presencia de comunidades en ambos lados de la frontera con Perú representan un desafío adicional para el control del movimiento de garrafas. En ese contexto, mencionó que la Armada Boliviana detectó movimientos ilícitos de GLP por el lago Titicaca.

La autoridad insistió en que la trazabilidad del producto debe ser reforzada para identificar el destino de las garrafas y detectar eventuales desvíos desde los puntos de distribución. A su juicio, ese seguimiento resulta clave para establecer en qué momento el producto deja de seguir la ruta prevista para el abastecimiento interno.

Otro de los problemas identificados está relacionado con los vehículos encargados de distribuir GLP. Castro informó que se detectaron camiones que se apartaban de las zonas asignadas y entregaban garrafas a personas distintas de los consumidores previstos. Incluso, señaló que algunos vehículos llegaron a comercializar hasta 30 garrafas fuera de sus rutas habituales.

También mencionó casos de acumulación del producto en domicilios, con entregas que presuntamente se realizaban durante la noche o en horas de la madrugada. Frente a estas irregularidades, el Viceministerio plantea fortalecer los controles y mejorar la coordinación entre las instituciones responsables de la distribución, la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), los gobiernos municipales y las Fuerzas Armadas.

Castro identificó tres escenarios que deben diferenciarse al analizar los problemas de suministro: la distribución racional del producto, el acopio con fines de especulación y el desvío para el contrabando. En su criterio, es necesario verificar dónde se producen las irregularidades para distinguir entre fallas en la distribución y prácticas vinculadas con el acaparamiento o la salida ilegal del producto.

La modificación de los procedimientos de abastecimiento y distribución impulsada por las autoridades del sector hidrocarburos busca adecuar la entrega de garrafas a la demanda. Sin embargo, los cambios iniciales estuvieron acompañados de dificultades de abastecimiento en ciudades importantes, lo que agravó la preocupación de la población.

Una de las señales más visibles de esa situación se registró en El Alto, donde numerosas personas formaron filas desde las primeras horas de la mañana en inmediaciones de la avenida Juan Pablo II, cerca de Chacaltaya. En uno de los puntos de distribución llegó un camión con 210 garrafas, mientras que la entrega fue limitada a una unidad por persona. En el caso de los negocios, como panaderías, se autorizó la solicitud de hasta diez garrafas, siempre que presentaran licencia de funcionamiento original y documentación de respaldo.

Algunos ciudadanos relataron que esperaban desde las 05:00 o las 06:00 y que habían llegado desde zonas como Villa Ingavi, Villanueva y Alto Lima. Otros aseguraron que los camiones no estaban llegando a sus barrios, lo que incrementó la molestia entre quienes dependen del GLP para cocinar y para sostener pequeños negocios.

La falta de garrafas también afectó a personas que utilizan este combustible para preparar alimentos y mantener en funcionamiento sus hornos y emprendimientos. En medio de esa situación, ciudadanos denunciaron además la reventa del producto a precios superiores al oficial.

De acuerdo con los testimonios recogidos en las filas, algunas tiendas revendían las garrafas entre Bs 30 y Bs 50, pese a que el precio oficial es de Bs 22,50. Estas denuncias se suman a las

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