En un hito significativo para la política boliviana, dos mujeres han sido electas como gobernadoras, marcando un avance histórico en la representación femenina en los altos cargos ejecutivos del país. Este acontecimiento no solo representa el porcentaje más elevado de mujeres en el ejecutivo departamental desde que se implementó la actual normativa electoral, sino que también subraya la necesidad de una mayor equidad de género en la política nacional.
María René Soruco, de Camino Democrático para el Cambio (CDC), se alzó con una victoria contundente en Tarija, obteniendo un 70,80% de los votos durante la segunda vuelta electoral. Por su parte, Gabriela De Paiva, del partido Libre, fue electa gobernadora de Pando con un 46,93% de los sufragios en la primera vuelta. Estos logros son celebrados por diversas organizaciones y activistas que promueven la igualdad de género y la inclusión en los espacios de toma de decisiones.
Tania Sánchez, directora de la Coordinadora de la Mujer, enfatizó que “la presencia de mujeres en espacios de decisión no es simbólica: es fundamental para transformar las prioridades públicas”. Su declaración resalta cómo estas elecciones pueden contribuir a posicionar agendas que promuevan una gestión más inclusiva y equitativa. Sánchez calificó este avance como parte de un proceso continuo hacia una democracia paritaria y destacó la importancia del trabajo colectivo y sostenido para lograr cambios significativos.
A pesar del progreso representado por estas victorias, el panorama general aún refleja un marcado predominio masculino en la política departamental. Según un análisis realizado por el Observatorio de Género de la Coordinadora de la Mujer, aproximadamente el 64% de los asambleístas electos a nivel nacional son hombres, lo que contrasta con el 36% correspondiente a mujeres. Esta cifra indica un retroceso respecto a las elecciones de 2021, cuando las mujeres alcanzaron un 47% en las asambleas.
Uno de los aspectos más preocupantes es que las listas de candidaturas presentadas no fueron completamente paritarias; solo alcanzaron un 48% de representación femenina. En particular, el escenario se vuelve aún más desalentador cuando se observa el resultado en las asambleas territoriales elegidas por voto directo: aquí, las mujeres electas apenas constituyen el 31%. Este dato pone de manifiesto cómo persiste una brecha significativa en los liderazgos locales y evidencia los desafíos que aún deben enfrentarse para lograr una representación equitativa.
En este contexto, mientras se celebra el avance hacia una mayor representación femenina en los altos cargos ejecutivos del país, se hace evidente que queda mucho camino por recorrer para alcanzar una verdadera igualdad en todos los niveles del gobierno. La lucha por una democracia paritaria sigue siendo una tarea fundamental y urgente.
