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La ola de violencia vinculada al narcotráfico volvió a instalar la preocupación en Bolivia. Desde agosto de 2026, al menos 16 personas murieron en distintos ataques con armas de fuego registrados en Santa Cruz, Beni y Cochabamba, de acuerdo con un recuento elaborado a partir de casos difundidos por medios nacionales.

Los hechos muestran un patrón común: sicariatos, emboscadas y ataques armados ejecutados tanto en espacios públicos como dentro de viviendas, restaurantes, peluquerías y otros establecimientos. La mayor concentración de casos se produjo en Santa Cruz, donde se contabilizan nueve fallecidos; luego aparece Beni, con cinco víctimas, y Cochabamba, con dos asesinatos.

En el departamento cruceño se registró la mayor cantidad de episodios violentos bajo investigación. Entre ellos figura el asesinato del subteniente de Policía Yerson Salazar Aliendres, cuyo cuerpo fue hallado en San Matías tras un operativo vinculado con el descubrimiento de una pista clandestina y armamento. A ese caso se suman varios ataques contra ciudadanos bolivianos y brasileños que, según las primeras pesquisas, estarían relacionados con disputas entre grupos criminales.

Uno de los hechos más recientes fue el asesinato de Denis Ferreira de Oliveira Santos, un ciudadano brasileño de 36 años que fue atacado con arma de fuego cerca de una licorería en la zona norte de Santa Cruz. También se reportó el acribillamiento de un hombre en un restaurante de San Ignacio de Velasco por sujetos que llegaron en motocicleta, así como el hallazgo de otro ciudadano brasileño sin vida cerca de la bahía de Puerto Suárez.

La seguidilla de crímenes en Santa Cruz incluye además la muerte de un hombre de 31 años dentro de una peluquería, tras recibir disparos, y el asesinato de José Luis Bravo, alias “El Hormiga”, en la zona del Urubó, en Porongo, donde fue alcanzado por varios impactos de bala. El último episodio registrado en ese departamento dejó dos fallecidos en San Ignacio de Velasco, identificados como Gabriel P.F., de 22 años, y Rodrigo O.Z.

En Beni, la violencia también dejó un saldo de cinco víctimas. En Guayaramerín fueron asesinados a tiros Edgar Justiniano, de 31 años, y Denny Pozo V., de 35. Más adelante, una balacera ocurrida durante una fiesta patronal en San Ramón terminó con dos personas muertas y una herida. El caso más reciente en ese departamento se produjo en Trinidad, donde un hombre de nacionalidad brasileña recibió varios disparos en el barrio Villa Magdalena.

Cochabamba, por su parte, registró dos asesinatos en la zona del trópico. El 13 de agosto, un hombre identificado con las iniciales E.C.C., de 44 años, murió luego de recibir siete impactos de bala mientras permanecía dentro de su vehículo en Villa Tunari. Días después, otro hombre fue encontrado sin vida en la localidad de Río Blanco, en el municipio de Entre Ríos, con múltiples heridas de bala en distintas partes del cuerpo.

Frente al incremento de estos hechos, el Gobierno señaló como una de las principales hipótesis la presencia y el enfrentamiento de organizaciones criminales brasileñas, entre ellas el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho, por el control de rutas y espacios de operación. Las autoridades informaron que las investigaciones continúan para identificar a los responsables y establecer la estructura detrás de los ataques.

Mientras avanzan los operativos policiales, la alerta se mantiene en zonas fronterizas y en regiones consideradas estratégicas para el narcotráfico, donde la sucesión de asesinatos ha vuelto a exponer la magnitud de la disputa criminal.

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