La expresidenta Jeanine Áñez recuperó su libertad este jueves en la capital boliviana, tras casi un lustro de reclusión. La medida se concretó luego de que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) determinara la anulación de la condena de diez años que pesaba en su contra por el denominado ‘caso golpe II’.
El acontecimiento se produjo minutos antes de las once de la mañana, cuando la exmandataria emergió de las instalaciones penitenciarias de Miraflores, en La Paz. Su salida, registrada a las 10:58, marcó el fin de un periodo de privación de libertad que se extendió por cerca de cinco años, derivado de los sucesos políticos de 2019.
Momentos previos a su liberación, Áñez se asomó por una de las ventanas del centro de reclusión, dirigiéndose a un grupo de simpatizantes congregados en las inmediaciones. Les anticipó un próximo encuentro, gesto que fue recibido con expectación. A su encuentro acudieron sus hijos, su equipo legal y numerosos seguidores, quienes la recibieron con banderas bolivianas, en una manifestación de apoyo visible y emotiva.
Al recobrar su autonomía, la expresidenta manifestó que su regreso a la vida pública se hizo posible tras la partida de una entidad que, según sus palabras, impedía el reconocimiento de que en el país no hubo un golpe de Estado, sino un fraude electoral que impulsó la movilización ciudadana. Subrayó, además, que no se arrepiente de su servicio a la nación, a pesar de haber atravesado una etapa sumamente difícil y dolorosa.
Su hija, Carolina Ribera, expresó su profundo júbilo por la excarcelación de su madre, atribuyendo el suceso a una intervención divina. Declaró que este día representaba la llegada de la libertad, la justicia y la verdad, agradeciendo un milagro concedido.
Un día antes, a través de plataformas digitales, Áñez había extendido su gratitud al Tribunal Supremo de Justicia por haber atendido, según su percepción, la verdad de los hechos, una verdad que consideró pública y compartida por muchos. En su mensaje, también compartió la profunda emoción de poder abrazar su libertad junto a sus seres queridos, su equipo de abogados y aquellos que nunca la abandonaron. Concluyó expresando su gratitud inquebrantable a la divinidad por su acompañamiento durante lo que describió como una injusticia terrible que, finalmente, había llegado a su fin
