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Durante años, Harry Kane cargó con una etiqueta incómoda: la de futbolista incapaz de ganar. Las burlas de los rivales apuntaban siempre al mismo lugar, a un palmarés que durante mucho tiempo apenas recogía un torneo de verano disputado en Estados Unidos. Ni siquiera su condición de ídolo absoluto en el Tottenham Hotspur, el club de su vida, le permitió romper esa dinámica. En Londres se convirtió en leyenda, pero nunca levantó un trofeo. Su salida rumbo al Bayern de Múnich, hace dos años, nació precisamente de esa frustración acumulada tras más de 200 goles, finales perdidas y una sensación constante de haber hecho todo lo posible sin recibir recompensa.

En las inmediaciones del Tottenham Hotspur Stadium, muy cerca del antiguo White Hart Lane, un mural recuerda todavía al delantero. Es una imagen que resume el vínculo entre Kane y el club en el que se formó como referente, pero también el dolor de una despedida que llegó después de demasiadas decepciones. La decisión de marcharse estuvo marcada por el desgaste y por una directiva que no siempre le ofreció el respaldo que esperaba. Con ese contexto, su llegada al Bayern fue interpretada por muchos como el camino más sencillo hacia los títulos, especialmente en una Bundesliga dominada durante años por el conjunto bávaro.

Sin embargo, el cambio de escenario no eliminó de inmediato la maldición que le perseguía. El Bayern se encontró con la mejor versión del Bayer Leverkusen, un equipo que firmó una temporada histórica y se llevó la liga y la copa, mientras que en la Supercopa el RB Leipzig también impidió que el club muniqués celebrara. El resultado fue tan inesperado como duro para Kane: una temporada completa en Múnich sin ganar un solo título. Aun así, el delantero respondió como acostumbra, firmando 44 goles en 45 partidos y reafirmando que seguía siendo uno de los mejores atacantes del mundo, sin importar si jugaba en Londres o en Alemania.

La situación cambió después. La mala racha terminó por romperse y Kane empezó a sumar trofeos con el Bayern. Desde entonces ha ganado dos Bundesligas, dos Supercopas de Alemania y una copa, una secuencia que por fin le permitió sacudirse la imagen de futbolista condenado a quedarse a las puertas. Su gran asignatura pendiente, no obstante, sigue estando con la selección inglesa, con la que ha perdido dos finales de la Eurocopa, ante Italia en 2021 y ante España en 2024, además de haber sido tercero en el pasado Mundial y cuarto en Rusia.

En Inglaterra, su salida del Tottenham no se vive como una traición. La afición de los ‘Spurs’ entiende que Kane buscara un destino donde pudiera competir por títulos y responsabiliza más a la dirección del club que al propio delantero. Desde 2019, año de la final de la Champions League perdida frente al Liverpool, la falta de una inversión acorde al nivel del estadio y a las ambiciones del equipo fue enfriando la relación entre el jugador y la entidad. Ahora, ya asentado en Múnich y con 33 años, Kane se prepara para renovar hasta 2029 en cuestión de días.

Fuera del campo, el inglés mantiene el perfil discreto que siempre le ha acompañado. Como capitán, habla cuando debe hacerlo, tanto en el Tottenham como en la selección, pero evita la polémica y se ha ganado una imagen de profesional sereno. En 2019 recibió una Orden del Imperio Británico y, además, está sobre la mesa la posibilidad de ser investido caballero, un reconocimiento reservado en el siglo XXI a muy pocos nombres, entre ellos Bobby Robson, Trevor Booking, Kenny Dalglish, Gareth Southgate y David Beckham.

La gala del Balón de Oro 2026 terminó de consolidar ese cambio de estatus. Kane fue elegido Balón de Oro masculino y también recibió el Trofeo Gerd Müller, mientras que en el resto de premios destacaron Alexia Putellas como ganadora del Balón de Oro femenino, el París Saint-Germain como mejor equipo masculino y el Barcelona como mejor equipo femenino. Luis de la Fuente fue reconocido como mejor entrenador masculino, Pere Romeu como mejor entrenador femenino, Lamine Yamal y Vicky López se llevaron los Trofeos Kopa, Unai Simón y Cata Coll obtuvieron los Trofeos Yashin, Charlyn Corral ganó el Gerd Müller femenino y Bukayo Saka, a través de BigShoe, recibió el Premio Sócrates

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Federico Enrique
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