Luiz Inácio Lula da Silva volvió a imponerse en las urnas y obtuvo este domingo la presidencia de Brasil con el 51,74% de los votos, frente al 48,26% alcanzado por el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, según los resultados oficiales divulgados con el 97,69% de las urnas escrutadas. La victoria del líder brasileño, en una remontada inédita en la historia democrática del país, le permitirá iniciar un cuarto y último mandato tras casi 12 años en el poder.
A sus 45 años, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro, quedó por detrás de un Lula que llegó a esta elección convertido en estadista y con una trayectoria política marcada por una biografía que él mismo ha descrito como extraordinaria. Durante la campaña, el exmandatario pareció concentrarse en resaltar su propio recorrido vital, esa “trayectoria épica” a la que aludió su exministro Fernando Haddad. El propio Lula resume su historia con una frase que refleja el tono de su relato personal: “Todo lo que me pasó en la vida fue un milagro”.
Nacido el 27 de octubre de 1945 en una familia campesina pobre de Pernambuco, en el nordeste de Brasil, Lula creció en un entorno atravesado por la precariedad. Para escapar del hambre, su familia se trasladó a la región industrial de São Paulo, en el sudeste del país. Allí comenzó a trabajar como obrero a los 14 años y perdió un dedo en una fábrica. Con el tiempo, se convirtió en líder sindical y encabezó grandes huelgas a fines de la década de 1970, en plena dictadura militar.
Tras tres intentos fallidos, el exmetalúrgico llegó finalmente al palacio de Planalto en Brasilia en 2003. Fue reelegido en 2006 y dejó el poder con una popularidad récord, impulsada por programas sociales financiados en medio del auge de las materias primas. En ese periodo también consolidó una imagen de defensor del multilateralismo y referente del Sur Global, aunque sus afinidades con gobiernos autoritarios de izquierda, entre ellos el de Hugo Chávez en Venezuela, le generaron críticas.
Su regreso a la escena política no estuvo exento de sombras. Más allá de su biografía, Lula arrastra el balance de sus dos primeros mandatos y una condena por corrupción que lo llevó a pasar 580 días en prisión entre 2018 y 2019. Esa sentencia fue anulada posteriormente por fallos de procedimiento y parcialidad del juez, pero el episodio continúa siendo usado por sus adversarios, que siguen repitiendo el cántico de “Lula ladrón”.
En 2022, Lula venció por un margen estrecho al entonces presidente Jair Bolsonaro, quien más tarde fue condenado a prisión por intentar un golpe de Estado contra su sucesor. Desde entonces, se le reconoce haber recuperado políticas sociales debilitadas durante el gobierno anterior y haber frenado la destrucción de la Amazonía. Sin embargo, su tercer mandato ha sido visto por algunos como una suerte de “remake”, con pocas ideas nuevas, mientras él mismo ha dejado claro que no quiere “ser solo el presidente de Bolsa Familia”, el programa de asistencia social para los hogares más pobres que sigue siendo su legado más emblemático, aunque ya supera las dos décadas de existencia.