La localización de Roberto Prieto Filho, alias Betinho, y de Márcio Barbosa da Silva, conocido como Beiço de Mula, en Santa Cruz de la Sierra fue el resultado de una operación internacional marcada por el uso de agentes encubiertos, tareas de vigilancia y una presunta filtración de información que, según la versión policial, habría comprometido parte del trabajo de inteligencia.
Los detalles de esa investigación fueron expuestos por Fábio Pinheiro Lopes, jefe del Departamento de Operaciones Policiales Estratégicas (DOPE) de la Policía Civil de São Paulo, en una entrevista concedida al programa True Crime, de SBT News, difundida el 10 de octubre de 2026. En su relato, el operativo puso en evidencia la coordinación entre fuerzas brasileñas y bolivianas para seguir el rastro de dos hombres señalados como integrantes de alto rango del Primer Comando de la Capital (PCC), una de las organizaciones criminales más conocidas de Brasil.
De acuerdo con Lopes, ambos sospechosos mantenían en Santa Cruz de la Sierra un estilo de vida propio de millonarios. Para ubicarlos, los investigadores recurrieron a seguimientos y a la infiltración de agentes en espacios que frecuentaban, entre ellos un gimnasio donde buscaban observar sus rutinas sin levantar alertas.
Sin embargo, la operación se topó con un obstáculo inesperado. Según el jefe policial, integrantes de la organización habrían identificado a algunos de los agentes encubiertos después de una presunta filtración. “Se enteraron de nuestros agentes; alguien de la academia les facilitó sus nombres y fotos”, afirmó durante la entrevista, al describir un episodio que dejó en evidencia la vulnerabilidad de la misión.
Uno de los momentos más sensibles se produjo cuando las autoridades avanzaban en las gestiones para allanar el departamento donde se encontraba Betinho, ubicado en el piso 13 de un edificio de Santa Cruz de la Sierra. Según la reconstrucción presentada por Lopes, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) tramitó alrededor de las 10:00 las solicitudes de allanamiento para ese inmueble y para otro departamento vinculado con su seguridad privada.
El problema, de acuerdo con su testimonio, fue que la información se habría filtrado cerca de dos horas después. Eso, sostuvo, permitió que el sospechoso reaccionara a tiempo para abandonar el lugar y retirar posibles evidencias. Lopes aseguró que Betinho le dijo posteriormente que recibió el aviso a las 11:00 y que entonces ordenó limpiar el departamento, sacar armas y mover vehículos hacia otro condominio.
Ante esa situación, los investigadores debieron continuar la vigilancia sin poder ejecutar el ingreso forzoso en el momento previsto. Según la narración del jefe del DOPE, una camioneta salió del garaje del edificio cerca de las 13:00 y recorrió varias cuadras antes de detenerse junto a un restaurante. Dos hombres descendieron e ingresaron al local, mientras el vehículo seguía circulando por la zona en una maniobra que parecía buscar despistar a quienes los seguían.
Para confirmar si uno de ellos era Betinho, Lopes envió a un investigador. Como este no podía ver el fondo del restaurante, una agente de la FELCN ingresó al lugar haciéndose pasar por clienta. La funcionaria se sentó a almorzar, tomó una fotografía discreta de los hombres y la envió al jefe policial brasileño. La respuesta, según su relato, fue inmediata: uno de ellos era el sospechoso buscado.
Con esa confirmación, la vigilancia se mantuvo hasta que Betinho salió del restaurante. Fue entonces cuando efectivos encubiertos de la FELCN intervinieron y procedieron a su aprehensión, de acuerdo con la reconstrucción expuesta en el programa.
Lopes también relató la captura de Beiço de Mula. Según su versión, cuando el sospechoso se vio rodeado por agentes brasileños y bolivianos, comenzó a gritar: “¡Hermano, hermano! ¡Pagaré!”. La frase, reproducida durante la entrevista, quedó como uno de los pasajes más llamativos del operativo.
Las detenciones ocurrieron en septiembre de 2026, en Santa Cruz de la Sierra, durante acciones coordinadas entre la Policía Civil de São Paulo, la Policía Federal de Brasil y la Policía boliviana. Más allá de esas capturas, el jefe policial describió otras dificultades que, según dijo, enfrentaron los investigadores al intentar ingresar a ciertos condominios de la ciudad.
En su relato, algunos fiscales y jue