Una escalada significativa en la disputa entre la empresa estatal de hidrocarburos y los operadores de transporte se produjo a partir de la medianoche del miércoles, con la incorporación del transporte de Gas Licuado de Petróleo (GLP) al cese de operaciones.

Esta medida abarca tanto la distribución de las garrafas de gas, esenciales para la mayoría de la población que no dispone de conexión a la red de gas natural domiciliario, como el suministro de GLP destinado a vehículos. Desde el momento indicado, las unidades dedicadas a estas labores suspendieron su actividad.

La paralización implica una afectación directa en el abastecimiento de los surtidores que proveen GLP para automotores.

Representantes del sector de transporte han manifestado la urgencia de reanudar las conversaciones con las autoridades competentes. Subrayan la necesidad de un diálogo pronto y sincero para abordar la situación actual y encontrar soluciones efectivas a los problemas planteados.

El cese en el transporte de GLP tiene un impacto inmediato en el acceso a un insumo básico para miles de familias, utilizado para cocinar y calefaccionar. Esto genera inquietud sobre la continuidad del servicio y las posibles repercusiones económicas, particularmente en los hogares de menores recursos.

Cabe recordar que esta situación se inscribe en un contexto de protestas por parte de los transportistas cisterneros, quienes previamente habían dejado de enviar unidades al exterior para la importación de combustible. Su demanda inicial se centraba en la falta de un ajuste tarifario que reflejara adecuadamente el tipo de cambio paralelo

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