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El hacinamiento en el penal de Morros Blancos, en Tarija, se agravó y ya supera los 1.400 internos, una situación que las autoridades penitenciarias consideran urgente de atender con la construcción de otro pabellón para aliviar la presión dentro de la cárcel.

El director de Régimen Penitenciario, William Narváez, explicó que en el recinto hay más de 1.300 varones y alrededor de 85 mujeres, cifra que refleja un problema de saturación marcado. Aunque mencionó que el indulto podría ayudar a reducir la población penitenciaria, admitió que esa medida no será suficiente frente al ritmo de ingresos que mantiene el penal.

Narváez señaló que la cárcel recibe más personas de las que salen en libertad, lo que mantiene y agrava el hacinamiento. En ese contexto, insistió en la necesidad de levantar un nuevo pabellón para descongestionar los actuales ambientes y mejorar las condiciones en las que permanecen los privados de libertad.

El funcionario reconoció además que Morros Blancos ya no tiene capacidad para seguir albergando a más internos. Según explicó, entre 300 y 500 de los recluidos cuentan con sentencia judicial, mientras que la mayoría permanece con detención preventiva, sin una resolución final de sus procesos.

A ello se suma que sentenciados y personas con detención preventiva por delitos graves son trasladados desde carceletas de provincias como Villa Montes, Entre Ríos y Bermejo. Narváez indicó que la carceleta de Bermejo y la de Entre Ríos, debido al hacinamiento, prácticamente fueron cerradas, por lo que esos internos terminan siendo enviados a Morros Blancos, un factor que contribuyó a empeorar la situación en Tarija.

Consultado sobre los prediarios que entrega la Gobernación, el director reconoció que existe una deuda de uno o dos meses, aunque afirmó que esta dificultad se arrastra desde gestiones anteriores. Añadió que Régimen Penitenciario también debe presentar los descargos correspondientes.

Cada interno recibe un prediario de 8 bolivianos diarios, monto que se destina a una especie de olla común preparada por los cocineros. Narváez explicó que el almuerzo es la comida principal y que en algunas ocasiones también se sirve cena.

El incremento de la población carcelaria también dejó pequeña la cocina del penal, por lo que se gestiona ante las autoridades locales y nacionales su ampliación, no solo para responder a la demanda actual, sino también para mejorar las condiciones de sanidad e higiene.

En medio de esta situación, Narváez invitó a la población a visitar la exposición y venta de objetos y muebles de madera elaborados por los reclusos, que se realiza en el salón de la parroquia San Francisco. La actividad comenzó el 8 de septiembre y se extenderá hasta el 22.

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