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La crisis política que atraviesa el Supremo brasileño sumó un nuevo capítulo después de que Lula pidiera una investigación transparente sobre los hechos, en medio de un escenario que ha elevado la tensión institucional en el país. La exigencia del presidente se produce mientras el caso sigue generando repercusiones y mantiene bajo presión a las autoridades encargadas de esclarecer lo ocurrido.

En paralelo, la información disponible describe una operación de rescate marcada por la urgencia y la incertidumbre, en la que los equipos tardaron horas en abrirse paso hasta dos trabajadores atrapados en un conducto que conduce hacia una central subterránea. Primero lograron llegar hasta Sah y luego hasta Maharjan, cuando todavía faltaban entre 50 y 60 metros para establecer el contacto directo con ellos.

Una vez que los rescatistas consiguieron hablar con los dos hombres, les pidieron que no se movieran y permanecieran en calma. Desde el interior, alguien respondió con un escueto “okay”, una señal que confirmó que seguían con vida tras días de aislamiento bajo tierra.

La escena contrastaba con la desesperación que se vivía fuera. Bidhya Devi Dangol, de 60 años, había pasado esos mismos días resistiéndose a creer que su primo Kabir Maharjan no pudiera sobrevivir. Cuando supo que era el segundo hombre en salir con vida del túnel, acudió al Hospital Militar Birendra de Katmandú. Según relató a EFE, durante días le insistieron en que nadie podía seguir vivo allí dentro, algo que la indignó profundamente.

Sanjay Sah, por su parte, respondió “han pasado nueve días” cuando uno de los militares que acababan de rescatarlo le preguntó la fecha. Había permanecido atrapado durante todo ese tiempo bajo la central hidroeléctrica Trishuli 3A, recitando un mantra y comunicándose a gritos con otros trabajadores hasta que, este viernes, escuchó una voz desde el otro extremo del túnel avisándoles de que no tuvieran miedo, porque habían ido a sacarlos.

La riada había sepultado la entrada con unos 25 metros de barro, piedras y escombros que terminaron compactándose “como roca”, según explicó el portavoz del Ejército nepalí, Raja Ram Basnet. Recuperar el acceso llevó casi seis días. Después, cerca de 93 efectivos y especialistas participaron en una operación que recurrió a excavadoras, compresores, perforadoras y explosivos para superar los grandes bloqueos.

El avance, además, fue extremadamente difícil. En el interior había agua y material acumulado, y en algunos puntos el espacio era tan reducido que los rescatistas no podían trabajar de pie. Aun así, cuando llegaron hasta los dos trabajadores, Sah salió primero, consciente y cubierto de barro. Consiguió incorporarse con ayuda y finalmente fue cargado a la espalda por uno de los rescatistas. Maharjan salió después. Hacia las 9:20 de la mañana, ambos estaban fuera, diez días después de quedar atrapados por la riada del 26 de agosto.

Al principio ninguno de los dos habló. Luego rompieron a llorar, según relató el teniente coronel Ganga Baral, jefe de la operación de rescate, encabezada por el Ejército nepalí con participación de la Policía Armada, la Policía de Nepal y técnicos de la Autoridad de Electricidad.

Sah explicó después que todo comenzó antes de que el túnel quedara cerrado. Trabajaba en la sala de control cuando supo que había ocurrido un accidente en la presa principal y empezó a avisar a los demás para que escaparan. “Mi responsabilidad era salvar la vida de todos. Después de un accidente así, no podía simplemente huir solo. Tenía que salvar a todos”, relató a un equipo del Ejército tras el rescate.

También contó que advirtió a los demás sobre lo ocurrido, pero que para entonces perdió su oportunidad de salir. Ya atrapado, calculó que podían encontrarse entre 40 y 45 personas trabajando en el complejo. En esa situación, recitó el Mahamantra y gritó para comunicarse con otros trabajadores a los que no podía ver. “De aquellos con los que pudimos contactar, había solo tres o cuatro personas. Podíamos escucharlos cuando gritábamos”, explicó.

Tampoco sabía qué había pasado con quienes podían estar más adentro, hacia la central subterránea. “El túnel es muy largo. Incluso si estaban dentro del túnel, la fuerza del agua pudo haberlos llevado más hacia el interior”, señaló. Ese

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