Una familia colombiana compuesta por 12 miembros enfrenta una situación crítica tras arribar a Bolivia a principios de enero. Desde entonces, han transitado largas distancias a pie por carreteras bloqueadas, en busca de un lugar seguro donde puedan recibir asistencia humanitaria y ser rescatados. Los integrantes, incluidos niños y personas mayores con la salud deteriorada por las caminatas, atraviesan una experiencia marcada por amenazas, retenciones forzadas, limitaciones para acceder a atención médica y la incertidumbre sobre sus vuelos de regreso.
Uno de los episodios más preocupantes ocurrió cuando una niña de la familia presentó problemas de salud debido al esfuerzo físico. Al acudir a un centro de salud, el personal médico atendió a la menor, lo que generó malestar en la comunidad local, que cuestionó el uso de insumos médicos para visitantes extranjeros en lugar de destinarlos a pacientes nacionales.
La travesía comenzó tras recorrer a pie más de 35 kilómetros desde Patacamaya hacia La Paz, cargando equipaje con la esperanza de disfrutar un recorrido turístico por lugares emblemáticos como el Valle de las Ánimas, el Valle de la Luna, Charquini, Uyuni y el lago Titicaca. Aunque inicialmente lograron sortear los bloqueos mediante rutas alternas, la proliferación de puntos cerrados en las vías impidió su retorno. El 8 de enero, al intentar salir de Uyuni, se toparon con bloqueos en Patacamaya que desencadenaron su prolongada odisea.
Los bloqueos, ubicados cada 5 a 10 kilómetros, han paralizado el tránsito de todo tipo de vehículos, desde buses hasta transporte privado. Incluso, conductores que intentaron ofrecer ayuda fueron amenazados con daños a sus vehículos si continuaban recogiendo pasajeros. Según reportes oficiales, existen decenas de puntos de bloqueo en la región, con una concentración significativa en la capital.
Después de dos días de caminata, la familia quedó atrapada en un hotel donde manifestantes armados con látigos, piedras y resorteras les impidieron salir, advirtiendo que no se harían responsables por cualquier daño que pudieran sufrir. Finalmente, lograron escapar a primera hora de la mañana por una salida trasera, ya que la entrada principal permanecía bloqueada.
La salud de la niña se agravó tras la caminata, por lo que en Calamarca lograron contactar a la policía para que ella y su padre fueran trasladados a La Paz. El resto del grupo abordó un bus, pero fue interceptado por manifestantes que obligaron a los pasajeros a descender tras agredir el vehículo, continuando así su recorrido a pie.
Aunque las autoridades consulares y la Cancillería gestionaron ayuda humanitaria, esta no pudo llegar debido a la imposibilidad de transitar por las vías bloqueadas. Los intentos de las caravanas de asistencia, que incluían policías y ambulancias, se vieron frustrados por los manifestantes. La familia señala que el consulado ha dejado de responder sus solicitudes, concentrándose en otros rescates. Mientras tanto, turistas que permanecen cerca de los aeropuertos pueden ser evacuados mediante vuelos, pero quienes están atrapados en las carreteras continúan sin transporte ni apoyo.
Adicionalmente, los vuelos de regreso programados fueron perdidos, y las aerolíneas exigen pagos adicionales para reprogramar los pasajes, sin ofrecer soluciones ante la contingencia. Esta situación ha generado una experiencia sumamente negativa para los visitantes, quienes describen el ambiente como hostil y poco humano, transformando un viaje planeado en una vivencia de temor y frustración. Además del impacto personal, estos hechos afectan la imagen del país como destino turístico y su economía
