Este domingo, el centro de París ofrecía una imagen de devastación tras los violentos disturbios registrados la víspera al margen de las manifestaciones. Entre los restos que quedaron esparcidos por las calles, destacaban decenas de bicicletas calcinadas, un panorama que sorprendió a varios vecinos que salieron temprano a comprobar el alcance de los daños.
“Es lamentable, aterrador, manadas de jóvenes vinieron aquí ayer, saqueando, rompiendo todo, con total impunidad”, lamentó Cécile Rogue, de 57 años, al contemplar el estado en que había quedado la zona. A las 08:00 de la mañana, el aire todavía olía a quemado y el ambiente seguía marcado por las huellas de la violencia.
En un punto del bulevar, varios hombres trataban de retirar un gran cristal roto. Según uno de ellos, se trataba de la vitrina de Roche Bobois, una tienda de muebles. Más adelante, en otro escaparate abierto por completo, podía verse un sillón verde sobresaliendo entre los restos del destrozo. La escena se completaba con una marquesina de autobús totalmente destruida, signo visible de la magnitud de los daños.
Pese al desorden, Anita Gras decidió salir a correr a primera hora de la mañana, vestida con pantalón corto, camiseta naranja y el pelo recogido en una coleta. Tuvo que avanzar sorteando basura y escombros, mientras no ocultaba su indignación al hablar de los vándalos. “Nunca habíamos visto una violencia así”, afirmó, al tiempo que señaló que algunos estudiantes de secundaria habrían participado en los disturbios y en los saqueos.