Los panificadores de la provincia Méndez han ratificado su decisión de fijar el precio de la unidad de pan en dos bolivianos. Esta postura se mantiene en medio de un contexto de crecientes costos de producción y la amenaza de un paro indefinido si no se abordan las alzas en insumos clave como la harina y la manteca.

Representantes del sector han expresado que la situación actual hace inviable la producción, señalando que el incremento desmedido en el costo de ingredientes como la harina, el azúcar y la manteca está ejerciendo una presión insostenible sobre su actividad. Argumentan que, en las condiciones actuales, no obtienen margen de ganancia alguno.

Durante un reciente encuentro que congregó a autoridades municipales, representantes de organizaciones vecinales y entidades de protección al consumidor, el gobierno local, a través de su máxima autoridad ejecutiva, manifestó estar realizando gestiones para incorporar a la región en el programa nacional de subvención de harina, del cual actualmente se encuentra excluida. Se detalló que, si bien el precio de la harina subsidiada a nivel nacional oscila entre 80 y 90 bolivianos por quintal, el acceso a este beneficio en Tarija se ve impedido por requisitos del programa que demandan la formalización y registro de los panificadores en organizaciones específicas, una condición que no se cumple actualmente.

Ante esta situación, las autoridades nacionales habrían presentado dos vías posibles: la primera, cumplir con las condiciones establecidas por la entidad estatal encargada del apoyo a la producción de alimentos para calificar al subsidio; la segunda, recurrir a la importación directa de harina desde países vecinos o del norte, aunque se advirtió que esta alternativa solo representaría una disminución de alrededor del 10% en el costo.

Investigaciones conjuntas realizadas por entidades de control y organizaciones cívicas han permitido verificar la dinámica de precios de los insumos. Se constató que la harina importada con documentación legal se oferta en el sur del país a precios que rondan los 440 a 450 bolivianos por quintal, mientras que en la capital, la reventa a través de intermediarios eleva este costo significativamente, alcanzando los 490 a 500 bolivianos. Respecto a la manteca, se verificó que proveedores mayoristas venden directamente a ciertos grupos de panaderos en diferentes localidades a un precio de 371 bolivianos, cifra considerablemente menor a los 430 o 440 bolivianos reportados. Esto sugiere que la compra a través de intermediarios es un factor que encarece la producción para algunos.

Los participantes en el encuentro coincidieron en que la problemática del costo del pan no es reciente, sino que se arrastra desde hace aproximadamente un año. Se mencionó que, a lo largo de este tiempo, se han propuesto diversas alternativas a los representantes del sector panificador, incluyendo mecanismos para acceder a harina importada con algún tipo de subvención. Sin embargo, se señaló una aparente falta de decisión o voluntad por parte de los dirigentes para concretar estas opciones y avanzar hacia una solución.

Desde la intendencia municipal, se informó sobre la conformación de mesas de trabajo y la ejecución de controles para asegurar el peso correcto del producto. No obstante, se enfatizó que la legislación vigente no establece precios máximos para el pan ni para sus insumos en el mercado, lo que implica que la determinación y ajuste de costos recae directamente en el sector panificador

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