La semifinal de ida de la Copa Bolivia entre Blooming y Bolívar culminó con un empate 1-1, pero más allá del resultado, el encuentro dejó una imagen preocupante sobre el estado del estadio Real Santa Cruz, conocido popularmente como El Pajonal. La intensa lluvia que azotó la ciudad desde la noche previa afectó gravemente las condiciones del terreno de juego, dificultando el desarrollo normal del partido.
El césped mostró rápidamente los efectos de las precipitaciones, presentando charcos dispersos, áreas resbaladizas y un campo que complicó la circulación del balón y el despliegue táctico de ambos equipos. Inicialmente, el árbitro suspendió el inicio del encuentro debido al mal estado de la cancha, pero tras cerca de 40 minutos de espera y la intervención de los capitanes Moisés Villarroel y Carlos Lampe, se decidió reanudar el juego.
Durante el partido, la calidad del fútbol se vio mermada por las condiciones adversas. El juego se tornó físico, con pelotazos largos y constantes disputas, reflejando más un encuentro amateur que una semifinal de alto nivel. El terreno sufrió daños visibles: el pasto fue arrancado en varios sectores, dejando profundas marcas y acumulaciones de barro. Además, las zonas técnicas y las bancas de suplentes también resultaron afectadas por el agua y el tránsito continuo.
Este deterioro sugiere que es probable que El Pajonal no reciba más partidos oficiales en lo que resta del año, ya que requerirá trabajos de mantenimiento y recuperación urgentes. Mientras tanto, Blooming y Bolívar se preparan para definir su clasificación a la final en el partido de vuelta, mientras el estadio Real Santa Cruz queda marcado por una jornada donde la lluvia condicionó el espectáculo y el césped fue el principal perjudicado
