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Los demócratas protagonizaron una jornada electoral de fuerte impacto político en Estados Unidos y se quedaron con el control del Congreso, en un resultado que supone un golpe severo para Donald Trump y deja comprometido el tramo final de su presidencia.

La oposición logró imponerse en la Cámara de Representantes y en el Senado tras una serie de victorias en estados clave como Carolina del Norte, Carolina del Sur y Ohio, además de abrirse paso en territorios tradicionalmente republicanos como Texas, Iowa y Kansas. En este último, un demócrata no ganaba un escaño desde 1932, un dato que dimensiona la magnitud del vuelco electoral.

El resultado fue interpretado por los demócratas como una señal de rechazo a la gestión del mandatario. Desde Georgia, el senador Jon Ossoff, reelegido en la Cámara Alta, aseguró que el electorado había repudiado “la depravación, la corrupción y la incompetencia” del presidente saliente Donald Trump, en una declaración que reflejó el tono triunfalista con el que el partido recibió la noche electoral.

Trump, por su parte, terminó reconociendo la derrota en conversaciones con periodistas del New York Times durante una velada marcada por los malos resultados para su partido. “Estoy absolutamente dispuesto a aceptar esos resultados”, dijo el mandatario, según el diario. Más tarde, en una entrevista con Fox News, adoptó un tono más conciliador y afirmó: “Creo que los demócratas hicieron un buen trabajo, realmente lo creo”. “Pelearon duro”, agregó.

Aun así, cuando las proyecciones ya mostraban el avance demócrata, el presidente se despegó del revés republicano y recurrió a sus redes sociales para insistir en que el desenlace habría sido distinto si él hubiera estado en la boleta. “Yo no estaba en la papeleta y, si lo hubiera estado, ¡habríamos ganado POR UNA VICTORIA APLASTANTE!”, escribió.

Pese a admitir la derrota, Trump publicó también una imagen de una gorra roja con la palabra “VETO”, en alusión a la capacidad presidencial de frenar proyectos de ley aprobados por la mayoría demócrata, un gesto que dejó ver que, incluso debilitado por el resultado, seguirá intentando conservar margen de maniobra frente al Congreso.

La elección estuvo atravesada por varios factores que terminaron favoreciendo a la oposición. En sus dos primeros años de gobierno, Trump impulsó campañas militares de resultado desigual en Venezuela e Irán, además de recortes de impuestos y una larga serie de decretos presidenciales. Este martes, el propio mandatario reconoció que el conflicto con Irán pudo haber influido en la derrota republicana, aunque defendió la acción militar.

Tras conocerse el resultado, el principal negociador iraní en los diálogos con Washington, Mohamad Baqer Qalibaf, sostuvo que los estadounidenses habían votado “NO A LA GUERRA”, en una lectura política que conectó de inmediato el desenlace electoral con el desgaste generado por la política exterior de la Casa Blanca.

La economía también pesó en las urnas. El aumento del combustible y de los alimentos alimentó el malestar de los votantes, en un contexto de preocupación creciente por el costo de vida. Ese clima terminó favoreciendo a los demócratas, que no solo consolidaron su avance en distritos competitivos, sino que además lograron conquistar bastiones republicanos.

En Texas, James Talarico, pastor presbiteriano, obtuvo una victoria contundente sobre Ken Paxton, candidato respaldado con fuerza por Trump. En ese mismo estado, Gina Hinojosa derrotó a Gregg Abbott, el republicano que buscaba la reelección. En Kansas, Adam Hamilton se convirtió en el primer demócrata electo al Senado por ese estado desde 1932, mientras que Iowa eligió a su primer senador demócrata desde 2008. En Míchigan, Abdul El Sayed se impuso en una contienda cerrada que lo convertiría en el primer musulmán electo al Senado.

El alcance del giro político quedó reflejado también en la forma en que ganaron los republicanos que lograron retener sus cargos. Sus márgenes fueron mucho más estrechos que en elecciones anteriores, una señal de que el mapa político se movió con fuerza.

En Florida, el gobernador electo Byron Donalds, primer jefe de gobierno negro en la historia de ese estado, ganó por apenas 1,5 puntos. Cuatro años antes, Ron DeSantis había vencido por 20 puntos porcentuales a su rival

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