En el maltrecho césped del estadio de Townsville, Brasil volvió a dejar una imagen muy alejada de la exigencia que se le presupone a una selección de su tamaño. Un golazo de falta directa de Nestory Irankunda puso contra las cuerdas al equipo de Carlo Ancelotti hasta el minuto 95, cuando un cabezazo de Rayan permitió rescatar al menos un empate frente a Australia (1-1), aunque el resultado dejó más dudas que alivio para la ‘canarinha’.
La reacción llegó en el tramo final, cuando la derrota ya parecía una posibilidad real y frustrante. Un córner lanzado por Raphinha encontró la cabeza del delantero de 20 años del Bournemouth, que había ingresado en el cuarto de hora final en lugar de Estevao. Ese remate recondujo de forma parcial el marcador y evitó un tropiezo mayor, pero no borró la sensación de que Brasil sigue lejos del nivel que pretende y debe alcanzar.
El empate llegó en un contexto incómodo para ambos equipos, con un terreno de juego muy castigado que condicionó el desarrollo del partido. Aun así, el campo no puede servir de excusa para una selección como Brasil, que no logró imponerse a un rival inferior y volvió a mostrar problemas de pegada y claridad en los metros finales. Hasta el minuto 95, el conjunto de Ancelotti no había encontrado el gol pese a disponer de algunas ocasiones, y Raphinha tampoco estuvo acertado en la definición, algo poco habitual en su rendimiento habitual con el Barcelona.
Australia, en cambio, sí aprovechó al máximo su oportunidad. Irankunda, de 20 años, internacional en 21 ocasiones y autor de ocho tantos con su selección, firmó el gol del partido en el minuto 68 con una falta directa ejecutada con precisión. El balón superó la barrera y descendió con fuerza hacia la escuadra de Hugo Souza, que esta vez no pudo llegar a tiempo.
Antes de esa acción, el propio Irankunda ya había avisado con otro derechazo que obligó al portero brasileño a intervenir con una gran parada para enviar el balón a córner. Ese primer aviso encajaba con un inicio de partido en el que Australia se mostró más entera y Brasil dio señales de desajuste, pese a presentar una línea ofensiva de enorme peso con Raphinha, Vinícius, Estevao y Endrick.
Brasil tardó en asentarse. Durante los primeros minutos se vio superada por el empuje australiano y no terminó de adaptarse al estado del campo hasta pasado el cuarto de hora. A partir de ahí logró equilibrar algo el juego, pero sin la amenaza ofensiva que se espera de una selección con tanto talento arriba. Vinícius intentó romper por velocidad en varias ocasiones, Raphinha probó el remate y la defensa local, con Herrington como protagonista en una acción decisiva, evitó que llegara el gol antes del descanso.
En el segundo tiempo, el guion apenas cambió. Brasil tuvo más control y se sintió algo más cómoda durante el primer tramo, pero siguió faltándole precisión en el último pase y contundencia para transformar sus aproximaciones en ocasiones claras. Cuando todavía asumía el 0-0 como un mal menor, llegó el golpe de Irankunda, que agravó la inquietud de un equipo que ya había perdido a Vinícius, sustituido en el minuto 65 por Samuel Lino, además de Endrick y Bruno Guimaraes.
Con el marcador en contra, Ancelotti movió el banquillo y dio entrada a Matheus Cunha y Rayan para buscar más impulso ofensivo. Brasil insistió hasta el final, con Raphinha como uno de los más activos, y esa insistencia encontró premio en la acción decisiva del córner que acabó en el cabezazo salvador de Rayan. El 1-1 evitó un golpe mayor, pero dejó a la selección brasileña con la sensación de haber firmado, una vez más, un resultado demasiado corto para sus ambiciones.