Han transcurrido seis años desde la muerte de la hija de Maura y, para ella, el tiempo no ha significado alivio sino una prolongada espera marcada por el dolor, la incertidumbre y la exigencia de justicia. La madre de la joven, víctima de feminicidio en Oruro, sostiene que el caso está atravesado por irregularidades que han impedido esclarecer lo ocurrido y que, hasta ahora, no existe una sentencia que responda a la gravedad de los hechos.
La historia de la joven, según relata su madre, estaba guiada por objetivos firmes. Quería estudiar y formarse para convertirse en abogada y policía, con la intención de servir a la sociedad. Con ese propósito, Maura regresó a Oruro tres meses antes del hecho desde Santa Cruz, para hacerse cargo de su nieta y acompañar a su hija en una etapa que, lejos de abrirle oportunidades, terminó en tragedia.
En medio de ese contexto familiar, Maura asegura que la relación de su hija con su pareja se volvió conflictiva. Afirma que él se oponía a que continuara con sus estudios universitarios. En febrero de 2020, cansada de la situación, la joven tomó la decisión de separarse y volver con su familia. La mañana en que su padre debía llegar desde Santa Cruz para recogerla y concretar esa separación, todo cambió de forma abrupta.
Mientras trabajaba, Maura recibió una llamada que le informó que su hija estaba siendo trasladada a un hospital. Poco después, un policía le comunicó que debía acudir a recoger un cuerpo. En un inicio, la versión oficial apuntó a un suicidio, una hipótesis que la familia enfrentó en medio del dolor y la confusión.
Con el paso del tiempo, sin embargo, el caso tomó otro rumbo. Maura cuenta que, tres meses después, su entonces abogado intentó negociar el proceso a cambio de dinero. La madre rechazó esa posibilidad con indignación y decidió revocar esa representación legal. A partir de entonces incorporó un nuevo abogado y peritos independientes, quienes impulsaron otros análisis.
Esos nuevos peritajes, de acuerdo con lo expuesto por Maura, hallaron inconsistencias que contradicen la versión inicial. Entre los elementos observados se mencionan señales de manipulación en la escena del crimen y signos de que la víctima habría sido drogada. Para la madre y su defensa, esos hallazgos refuerzan la idea de que no se trató de un suicidio, sino de un feminicidio.
Durante estos seis años, Maura afirma haberse enfrentado a un sistema judicial que describe como indolente, lento y omiso frente a pruebas relevantes. Su denuncia apunta a retrasos en el proceso y a la falta de respuestas concretas para esclarecer la muerte de su hija. Esa situación, sostiene, ha profundizado el sufrimiento de la familia y ha dejado en evidencia la vulnerabilidad de muchas víctimas frente a procesos que no avanzan con transparencia.
Por ello, Maura pide la intervención de instancias superiores para auditar los procedimientos judiciales en Oruro. Su demanda no se limita a su caso particular: también advierte que otras familias atraviesan situaciones similares y quedan expuestas a investigaciones que, según denuncia, pueden ser negociadas o debilitadas por fallas institucionales.
Con el dolor intacto y la convicción de seguir adelante, Maura insiste en que se conozca la verdad sobre lo ocurrido con su hija. Su reclamo, después de seis años, sigue siendo el mismo: justicia y transparencia para una muerte que aún no encuentra respuesta definitiva.