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La despedida de Leo Messi de la selección argentina volvió a poner en primer plano uno de los gestos más emotivos que deja el fútbol cuando se apaga la carrera internacional de sus grandes figuras: el último partido, el adiós compartido con una grada, con compañeros, rivales y con la memoria de todo lo que representó una camiseta. Ese ritual, reservado a muy pocos, ha tenido a lo largo de la historia algunas de sus escenas más recordadas en nombres que marcaron épocas enteras.

No todos los mitos del fútbol pudieron cerrar su trayectoria con una noche así. Cruyff, Di Stéfano, Kopa, Eúsebio, Yashin o Charlton, entre otros, no tuvieron la oportunidad de despedirse de sus selecciones ante su público. A ellos les tocó marcharse de otra manera, sin el marco solemne y multitudinario que sí acompañó a otras leyendas. Pero hubo casos en los que el homenaje se convirtió en acontecimiento nacional, y uno de los más significativos fue el de Pelé.

Edson Arantes do Nascimento tenía solo 30 años cuando decidió poner fin a su etapa con Brasil. Apenas 13 meses después de conquistar en México su tercer Mundial, una hazaña inédita en la historia del fútbol, el astro brasileño se apartó de la selección cuando todavía podía seguir dominándola. Brasil preparó entonces una despedida a la altura de su figura. El 18 de julio de 1971, Yugoslavia visitó Maracaná y 138.575 espectadores llenaron el estadio para decir adiós al hombre que durante más de una década había encarnado al fútbol brasileño. Pelé jugó la primera parte, no marcó y, en el descanso, recorrió el césped mientras la grada insistía con un mismo cántico: “Fica, Pelé!”, “¡Quédate, Pelé!”. Claudiomiro ocupó su lugar y el partido terminó 2-2.

Aquella noche cerró su recorrido internacional con 92 partidos y 77 goles. Después aún jugaría seis años más, pero ya no volvería a vestir de amarillo. Continuó en Santos hasta 1974 y prolongó su carrera hasta 1977 en el Cosmos estadounidense.

Diego Armando Maradona tardó más en encontrar un final distinto para su historia con Argentina. Su último partido oficial con la selección llegó el 25 de junio de 1994, frente a Nigeria, en el Mundial de Estados Unidos. Luego vendrían el control antidopaje, la expulsión del torneo y una imagen que quedó grabada para siempre: Maradona abandonando el campo de la mano de una enfermera. Sin embargo, su país todavía le reservaba una despedida más acorde con su condición de ídolo.

El 10 de noviembre de 2001, más de 50.000 personas llenaron la Bombonera para un Argentina-Resto del Mundo concebido alrededor de su figura. Maradona, con 41 años y el dorsal 10, marcó dos goles de penalti en la victoria argentina por 6-3 y recibió el homenaje de compañeros, rivales y una grada completamente entregada. Pero si algo quedó de aquella noche fueron, sobre todo, siete palabras que pasaron a la historia: “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”.

Franz Beckenbauer también tuvo una despedida singular, marcada por una escena poco habitual incluso para un futbolista de su dimensión. Llevaba cinco años sin vestir la camiseta de Alemania Federal cuando llegó su homenaje. El capitán que había levantado el Mundial de 1974 ya pertenecía a otra etapa del fútbol alemán, y el 1 de junio de 1982 se organizó un Alemania Federal-Hamburgo en su honor. Beckenbauer no recuperó la camiseta que había defendido en 103 ocasiones: eligió la del club y se enfrentó a su propio país. Alemania ganó 4-2 y el ‘Kaiser’ dejó una rareza propia de una última noche: primero marcó en propia puerta y luego, en el minuto 86, anotó para el Hamburgo. Su despedida terminó con dos goles, uno para cada lado.

Con Garrincha, Brasil volvió a demostrar que sabía convertir la gratitud en ceremonia. Mané no eligió el momento de su adiós; fue su país el que tuvo que ir a buscarlo. El Mundial de Inglaterra 1966 había cerrado de forma abrupta la carrera internacional del extremo que deslumbró en Suecia 1958 y alcanz

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