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Oriente Petrolero está a pocos días de cumplir 71 años de vida institucional, pero lo hará en medio de una de las etapas más complejas de su historia. El club, que durante décadas fue uno de los referentes del fútbol boliviano y un habitual protagonista en la Copa Libertadores de América, atraviesa hoy una crisis que combina problemas financieros, tensiones dirigenciales y un retroceso deportivo que contrasta con los momentos más destacados de su trayectoria.

La institución albiverde ha quedado atrapada en un escenario marcado por disputas internas, deudas millonarias, reclamos de futbolistas extranjeros, intentos de retorno de exdirigentes y la presencia de figuras políticas que en distintos momentos encontraron en el club una plataforma de proyección pública. Todo ello ha deteriorado de forma profunda la estabilidad de una entidad que en otros tiempos se acostumbró a competir en los primeros planos.

En los últimos años, Oriente Petrolero debió enfrentar episodios que pusieron en evidencia su fragilidad institucional. En julio de 2025, el Tribunal de Ética de la Federación Boliviana de Fútbol resolvió suspender por un año al presidente Ronald Raldes y al vicepresidente René Urioste por supuestas faltas. La determinación los dejó inhabilitados para ejercer cualquier actividad vinculada al fútbol a nivel nacional.

Tras esa sanción, Gisela Aguilar asumió la conducción del club, aunque su permanencia fue breve. Estuvo al frente apenas dos meses y 13 días, antes de apartarse del cargo por motivos personales. En su lugar, designó a Gustavo Gutiérrez, entonces secretario de la institución, para encarar el período de transición dirigencial.

Lejos de traer calma, esa etapa terminó profundizando los problemas. Durante ese proceso llegaron refuerzos que, en lugar de fortalecer al plantel, quedaron envueltos en episodios de indisciplina, fiestas y hasta enfrentamientos a puñetazos entre compañeros del mismo equipo, hechos que reflejaron el delicado momento interno que vivía la entidad.

Más adelante, Aguilar y su directorio informaron que la deuda del club superaba los nueve millones de dólares. El informe presentado detalló obligaciones por 9.544.239 dólares, equivalentes a 66.427.904 bolivianos, con corte a octubre de 2025. Según ese reporte, los compromisos correspondían a deudas acumuladas durante las gestiones 2023, 2024 y 2025.

El 5 de diciembre de ese mismo año, Oriente Petrolero anunció el retorno de Ronald Raldes a la presidencia, luego de que quedara sin efecto la sanción que le impedía ejercer sus funciones. Con esa decisión, el exfutbolista volvió a quedar habilitado para retomar sus responsabilidades institucionales y deportivas.

Su regreso generó una respuesta inmediata de Miguel Ángel Antelo, expresidente del club y una de las voces más visibles de la oposición. Molesto por la vuelta de Raldes, lanzó un desafío público y pidió que convoque a una asamblea en un plazo de 72 horas. “Si tiene toda la valentía y moral, que convoque en 72 horas a una asamblea”, expresó.

Raldes, por su parte, defendió su gestión en una entrevista con DIEZ. Aseguró que recibió una deuda de cuatro millones de dólares y que la pandemia incrementó las obligaciones en más de un millón. También afirmó que comprometió su propio patrimonio para sostener al club. Además, denunció una presunta injerencia política del Movimiento al Socialismo en Oriente Petrolero durante el tiempo en que estuvo suspendido y anunció que impulsará una investigación ante la FIFA y la Conmebol para esclarecer lo ocurrido. “Mi directorio lo sabe y lo tengo firmado por ellos. Por eso me sorprende que exista gente que difame a mi persona, aduciendo que yo me saqué dinero”, declaró, molesto por las acusaciones.

Mientras la dirigencia se enfrenta y las cuentas siguen pesando sobre la institución, la memoria de Oriente Petrolero conserva pasajes que explican la dimensión de su historia. Uno de los más recordados fue la conquista de su primer título nacional, que le permitió disputar por primera vez la Copa Libertadores en 1972, cuando se midió con Chaco Petrolero, Barcelona de Guayaquil y América de Quito.

Otro capítulo destacado llegó en 1988, cuando el club firmó una de sus mejores campañas internacionales. En esa edición dejó en el camino a Bolívar, Olimpia y Cerro Porteño, estos dos últimos de Paraguay, y luego elimin

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